10 de Marzo de 2026
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DESDE CATALUÑA - Amadeo Palliser Cifuentes
Nos falta perspectiva histórica
2025-08-23 - 19:07

 


 


Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona 


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Constantemente estamos siendo bombardeados por un sinfín de noticias ‘importantes’, si bien, las noticias de hoy sepultan las de ayer, mostrándonos su carácter efímero; y por más trascendentes que nos parecieran ayer, hoy ya las hemos olvidado. Hace décadas se decía que el periódico del día anterior, al día siguiente sólo servía para envolver el bocadillo o para no pisar el piso recién fregado. Por eso, nos falta la perspectiva necesaria, que nos ha de servir para entender, mínimamente, el caos en el que estamos sumidos.


 


Así, cada día tenemos noticias, por ejemplo, de las guerras de Israel en Gaza, o de Rusia en Ucrania; pero no tenemos presente que:


 


•el actual Estado de Israel data del 14 de mayo de 1948, es decir, apenas 77 años (y, desde ese momento desapareció, formalmente, la Palestina precedente; nombre asignado por el Imperio Romano);


 


•y la actual República de Ucrania consiguió la independencia de la Unión Soviética, el 24 de agosto de 1991, mañana será su 34 aniversario.


 


En el devenir de la Historia, con mayúsculas, dataciones de 77 y 34 años, apenas son significativas; pero, claro, a nivel personal y social de los ciudadanos, esos períodos marcan y determinan sus vidas. Y esta es la perspectiva que debemos primar, obviamente.


 


En 1337, cuando los soldados fueron a la guerra entre los reinos de Inglaterra (dinastía Plantagenet) y Francia (dinastía de Valois), nadie podía ni soñar, en sus peores pesadillas, que aquella guerra, con pequeños intervalos, duraría 116 años, hasta 1453; y que la historiografía la bautizaría como la Guerra de los Cien Años, constructo establecido en el siglo XIX, diferenciando entre la Primera Guerra de los Cien Años, la mencionada, y la Segunda Guerra de los Cien Años, entre 1689 y 1815.


 


Pero es evidente que, en esas guerras, como en todas, cada vida, de cada soldado y de cada civil muerto, era única; y cada desgracia familiar fue una tragedia irreparable e inconmensurable.


 


Así, ante todas las noticias que recibimos, deberíamos ser capaces de diferenciar y valorar la historia en minúsculas, la personal y única; y contextuarla en la Historia en mayúsculas, que nos ha de dar la perspectiva precisa.


 


Y en esa contextualización, no debemos olvidar las responsabilidades previas, por ejemplo:


 


•del Reino Unido, que asumió el denominado ‘Mandato británico de Palestina’ (1920 – 1948), un mandato de la Sociedad de Naciones (precedente de la ONU), ‘con un plan de partición de Palestina entre los judíos y los árabes, hasta que fueran capaces de mantenerse por sí mismas’. Pero, tras la Segunda Guerra mundial, y el genocidio nazi contra los judíos, las sociedades occidentales buscaron ‘compensar’ a ese pueblo y, a la vez, favorecer la emigración a ese nuevo estado, para, así, ‘librarse’ de gran cantidad de judíos en Europa y en los EUA.


 


•de la Unión Soviética, que había controlado el territorio de la anteriormente llamada República Popular de Ucrania, desde 1921, sobre la que ejerció una gran presión de rusificación, en todos los ámbitos; e, incluso, concentró, en ella, la mayor parte del arsenal nuclear ruso. Y el desarme de ese arsenal, trasladándolo a Rusia, fue pactado en 1994, entre Boris Ieltsin y Bill Clinton.


 


Es decir, en ambos casos, las grandes decisiones fueron impuestas por los mencionados estados: el Reino Unido, Rusia, y los EUA, respectivamente, de acuerdo con sus propios intereses, y al margen de las respectivas ciudadanías que habitaban esas zonas.


 


Por eso es vergonzoso, que ahora, esos grandes países mencionados se ‘olviden’ de sus responsabilidades por las ineficaces e inoperativas decisiones geoestratégicas tomadas en esos momentos fundacionales. Y de ‘esos polvos vienen estos lodos’, como dice el refrán. Pues, considerar esas zonas como meros territorios, obviando las poblaciones originarias, nunca solucionará el problema de cada ámbito; ya que, la ‘solución’, únicamente hubiera sido posible, si se hubieran respetado y asumido los valores democráticos e históricos del momento. Pero no fue el caso.


 


Haciendo un gran salto de la realidad al arte, con toda su simbología, me parece interesante recordar que el arquitecto Antoni Gaudi i Cornet (1852 – 1926), al construir el templo expiatorio de la Sagrada Familia, en Barcelona, en la fachada del Nacimiento, en concreto, en el Portal del Roser, como simbolización de las tentaciones de los hombres, y del mal, incluyó la figura del diablo ofreciendo a un obrero anarquista la bomba Orsini (en referencia a las dos bombas Orsini (*), que Santiago Salvador hizo explotar en el Gran Teatre del Liceu, el 7 de noviembre de 1883, causando una veintena de muertos y gran cantidad de heridos).


 


(*) diseñada por Felice Orsini, en 1857, que, en lugar de tener una espoleta o un dispositivo de tiempo, se activaba por contacto, mediante unos dispositivos llenos de fulminato de mercurio.


 


Es evidente que Gaudí, mostrando su visión contextualizada y queriendo evitar la separación entre la religión y la política, tomó esa bomba para representar el mal supremo; y, en la actualidad, con toda probabilidad, creo que incluiría referencias a las bombas atómicas y a los genocidios que se están realizando.


 


Pero esa lección de Gaudí, también la han olvidado los líderes de las grandes religiones, que ven los problemas a distancia, y sin quererse involucrar, pues se limitan a meras referencias y críticas veladas, pero políticamente ‘correctas’.


 


En definitiva, que nos falta perspectiva, y básicamente, la culpa la tienen los grandes poderes de siempre, que, por todos los medios intentan banalizar la realidad, y haciendo que la aceleración de las informaciones nos acabe desinformando, es decir, produciendo el fenómeno de la infoxicación, para abrumarnos, desorientarnos y llegarnos a aburrir.


 


Por eso, nuestra responsabilidad es intentar buscar y contrastar información más objetiva, huyendo de la que nos ofrecen los canales tradicionales, dominados por los poderes habituales, que, según sus intereses puntuales, abonan las visiones e interpretaciones que más les convienen.


amadeopalliser@gmail.com


 


 


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