Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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Estos días se han hecho virales (en las redes mal llamadas sociales), nuevos ataques discriminatorios contra los catalanes, contra Catalunya, y eso no nuevo, pues la catalanofobia viene de lejos, y está asumida y fomentada por el españolismo más rancio, como intento explicar a continuación.
Como hechos puntuales, estos días se ha divulgado por todos los medios:
√ Un vídeo de una ‘señora’ de Ourense (Galicia), en pleno desastre por los incendios, y la mencionada ‘señora’ se queja diciendo que no tienen bomberos, y que es culpa de Catalunya, que ella no quiera más, pero tampoco menos que Catalunya, que las autonomías no sirven para nada, pues dividen y diferencian.
√ Otro caso que también ‘han hecho famoso’, es el de un argentino, propietario de una heladería en el barrio de Gràcia (Barcelona). Propietario que, según una clienta (que puso una denuncia), se negó a atenderla en catalán, y le dijo que se mirara lo que pone en su DNI, y verá que pone reino de España, así que es española, y el ‘español’ (debería haber dicho el castellano) es lengua oficial, que hablan millones de personas en todo el mundo; y que él tiene la carta en ‘español’ (castellano) y en inglés, que son de las más habladas, y no tiene espacio para ponerla en catalán.
Ambas situaciones que, desgraciadamente, son muy frecuentes, son difundidas, multiplicadas y repetidas hasta la saciedad en todos los medios de comunicación españolistas, promoviendo y reforzando, de ese modo, el estereotipo catalanófobo y homófobo.
Y esa difusión (descontextualizada, parcial y sin matizar), obviamente, es interesada, y fomentada por todos los sectores españolistas; siendo preciso observar que el segundo ejemplo, ha tenido eco en importantes diarios argentinos como Clarín y La Nación, mostrando al argentino, como prueba de acosado, en lugar de acosador.
El ataque a nuestra lengua es un clásico, un tópico, pues saben que es el tema nuclear, el núcleo duro de nuestro ser, de nuestra identidad.
En el año 2023, el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) reconoció el concepto de Grupo Objetivamente Identificable (GOI), en la sentencia de las cuestiones prejudiciales presentadas por el independentista catalán, el conseller Lluís Puig; y ese reconocimiento es la consideración de los catalanes como sujetos políticos, con identificación de colectivo político equiparable al de minoría nacional, que requiere protección.
Pero claro, ese reconocimiento nunca lo aceptará ni asumirá el reino español y su turba de españolitos acríticos y, por lo que vemos, descerebrados, de los que, por desgracia, tenemos muchos en Catalunya, pues muchos ‘catalanes’ se sienten, ante todo, españoles.
El analista Alfons Durán-Pich, en su web personal, describió a la perfección esta situación, en su artículo titulado ‘Cornudo y pagar la bebida’, ya que especificó que:
‘(…) A ver si de una santa vez queda claro que no hay buenos y malos catalanes, sino catalanes y españoles que viven en Catalunya. No se puede ser ambas cosas a la vez. Es un oxímoron, una ‘contradictio in terminis’. Los primeros continúan siendo españoles, pero lo son solo administrativamente. El bisabuelo de su bisabuelo fue inscrito ‘manu militari’ en un club del que no le dejan marcharse.
Los segundos, por el contrario, se sienten españoles y están encantados de serlo; su vínculo con Catalunya es administrativo, aunque hayan nacido aquí. Esto es taxonomía de primer grado.
(…)
Es cierto que Catalunya ha tenido la mala suerte de estar situada geográficamente entre dos imperios venidos a menos, que es la peor condición de un imperio, cuando el valor de los activos ha caído y solo queda la retórica de lo intangible: los fastos, los himnos y las banderas.
(…)
Esto es ser ‘cornudo y pagar la bebida’ o, si se quiere más florido, actúa siempre como el sastre de Campillo que ‘cosía de balde y ponía el hilo’.
(‘alfdurancorner.com’, 13 de febrero del 2020)
Es verdad que, desde hace siglos, los catalanes somos el chivo expiatorio, la víctima expiatoria, el saco de los golpes, el burro de los golpes, como lo demuestran un sinfín de frases hechas, como las citadas.
Frases y estereotipos impuestos por los reyes castellanos desde su inicio en el siglo X, pues se identificaron por la oposición al enemigo exterior, que somos nosotros, no los árabes invasores en su momento. Y esa ‘cultura anti’, adoptó los estereotipos básicos, como los que recogió el escritor sevillano Lope de Rueda (1505 – 1565), actor y director de su propia compañía, que escribió diferentes obras, tratando temas populares, breves y cómicos, a los que denominó ‘pasos’, entre ellos: Las aceitunas; El convidado; Cornudo y contento; Pagar y no pagar; etc.
En el paso ‘Cornudo y contento’, narra la situación del doctor Lucio, que recibe la visita de Martín de Villalba, un hombre ‘simple’ que acude para buscar un remedio para su esposa, Bárbara, ya que se pasa el día quejándose. Al repetirse la situación, el doctor descubre que la esposa ha montado esta treta, para aprovechar la ausencia del marido, y engañarle con Jerónimo, un estudiante y, también, con un supuesto ‘primo’ de Bárbara. Y, finalmente, el marido, acaba asumiendo la situación, sin más, diciéndole a su esposa: ‘señora mujer, no te cumple hablar más como enferma, que el doctor me ha dicho que a mi me ha de curar, que tú, ¡bendito Dios!, ya vas mejorando’.
Y van pasando los siglos, y todo sigue igual en Catalunya, pues en las tertulias radiofónicas se envalentonan los catalanes españoles, argumentando que el catalán no se debe imponer con leyes (claro, el castellano está impuesto por las armas, como dijo Durán-Pich: el bisabuelo del bisabuelo fue ‘convertido’ ‘manu militari’), y actualmente, los que ostentan el poder, tienen el mismo cordón umbilical, con los mismos nutrientes, que los conquistadores.
Asimismo, argumentar que las lenguas se defienden solas, que la ciudadanía las avala utilizándolas, sin más, es un lerdo y tramposo argumento de los que tienen una lengua poderosa, impuesta por su antiguo imperio, y que está discriminada favorablemente en su constitución, que especifica que su conocimiento es un derecho y un deber, mientras que el catalán es un mero derecho. Y, como sabemos, los jueces, como ‘brazo armado’ son los que, en última instancia, imponen el castellano; a pesar de que el nefasto Juan Carlos I, en 2001, dijera que ‘nunca fue la nuestra, lengua de imposición, sino de encuentro: a nadie se le obligó nunca a hablar en castellano: fueron los pueblos más diversos quienes hicieron suya, por voluntad libérrima, la lengua de Cervantes’.
Por todo esto, como he dicho, la culpa la tienen los españolitos acríticos y, por lo que vemos, descerebrados, de los que, por desgracia, tenemos muchos en Catalunya, pues muchos ‘catalanes’ se sienten, ante todo, españoles y comulgan con ese mensaje oficial; como lo hacen, también, desafortunadamente, muchos inmigrantes, como el argentino señalado al principio de este escrito, ya que además, esos especímenes, han olvidado, alegremente, que la conquista de su país, comportó la extinción de su cultura, de su folklore y, de sus lenguas, como indígenas originales argentinas, como el toba, pilagá, mocoví, guaraní correntino, quichua santiagueño, etc.
Y esa mayoría de inmigrantes latinos, que se sienten tan cómodos con su castellano, encima, exigen y apoyan el arrinconamiento del catalán; y, dada la evolución demográfica, acabarán imponiéndose. Este es nuestro negro futuro. Y ellos tendrán gran parte de la culpa, por asumir, acríticamente, la ley del poder español, como nos muestran, frecuentemente y de forma repetida, gritándonos ‘viva España’, cuando nos manifestamos con la ‘estelada’, la bandera independentista catalana.
Hace un momento me he referido al folklore y, sobre el particular, en 1960, la UNESCO instituyó y declaró el día 22 de agosto (hoy) como fecha para rendir homenaje al folklore como conjunto de costumbres, creencias etc.; pero ya sabemos que aquí, el folklore impuesto es el cante flamenco, los toros y la sangría; y todo ello en detrimento de nuestras verdaderas esencias. No olvidamos que, en su visita a Japón, el pasado mes de mayo, el represor Salvador Illa se hizo acompañar en un acto organizado al efecto, por una bailarora de flamenco que bailó una rumba catalana, en un escenario con ‘CataluÑa’ con la ‘Ñ’ española, claro, y Illa haciendo palmas. Esa es la españolización que nos imponen, expresada en todos los ámbitos, como, por ejemplo, promocionando Illa el, ‘aove’, el aceite de Jaén, en noviembre del 2024.
Por todo esto, si no nos espabilamos, si no nos decidimos a defender nuestra lengua, nuestra cultura, etc., seguiremos con la actual situación, es decir, en declive total, en todos los ámbitos; y, encima, seguiremos siendo cornudos y apaleados y pagando su bebida. Y eso sólo podremos conseguirlo, independizándonos. No hay otra, y empieza por desalojar al palanganero ‘virrey’ de la Generalitat.
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