Carlos Villalobos
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Aunque he intentado no escribir, por salud mental, por estrategia y por no hacerle juego al show, sobre las polémicas de Donald Trump, y todas (pero todas) las sandeces de sus correligionarios, lo ocurrido en Los Ángeles me obliga a romper el silencio autoimpuesto. El nivel de brutalidad, el despliegue de fuerza y la deshumanización ejercida contra comunidades migrantes es alarmante, inadmisible y se está normalizando peligrosamente.
Caos mediático, la Guardia Nacional estadounidense en las calles, marines en operativos, redadas que no distinguen entre niños, trabajadores o estudiantes. Arrestos masivos, aderezados con gas lacrimógeno. Lo más peligroso es que se han tratado de buscar justificaciones a toda costa, a tal punto que la comentocracia cercana a Trump, jura y perjura que un video falso creado con inteligencia artificial, en el que se manipulan las palabras de la presidenta Claudia Sheinbaum impulsan los disturbios, cuando ciertamente esto falso.
Cuando comenzó este periodo de gobierno nunca imaginamos un momento tan turbio, en donde además, la popularidad de Trump va en picada, y su estrategia es clara: distraer con fuego externo, para no enfrentar su incendio interno.
Pero este texto no es sobre él.
Esta columna es sobre las miles de personas que en Estados Unidos han salido a defender a sus vecinos, a levantar la voz por quienes no pueden hacerlo. Este texto, es sobre los cuerpos que se plantan frente a las redadas, sobre los carteles que dicen “Nadie es ilegal”, sobre las redes de apoyo que se están tejiendo en la oscuridad.
Y es aquí donde quiero detenerme en una palabra que me encontró, como a veces ocurre con los términos que se clavan en el pecho: paráclito.
Escuché el término por primera vez este domingo en misa, cumpliendo el deber que tenemos como familia llevando a nuestro ahijado al encuentro religioso. Durante el sermón principal, me llamó la atención inmediatamente. Del griego parakletos, que significa literalmente “el que es llamado para estar al lado de alguien”, el que acompaña, el que intercede, el que consuela.
Necesitamos, urgentemente, una sociedad que actúe como paráclito. Ojo, aunque este término sea de origen religioso, no planeo que sea tomado tal cual.
Hoy ya no basta con indignarnos por lo que hace la administración de Trump, porque ese guión lo conocemos y solo busca atraparnos en el eterno debate, cosa que ya hemos tratado en este mismo espacio. Lo verdaderamente transformador hoy es mirar hacia quienes están del lado de las comunidades migrantes.
Hoy se debe apoyarlos, sumarse y caminar junto a ellos.
El paráclito no observa desde lejos, se acerca, escucha, acompaña. Y si es necesario, defiende.
Lo ocurrido en Estados Unidos no debe ser solo un TikTok, una nota, un titular escandaloso, este suceso es una alerta para hacer evidentes los límites que la actual administración no conoce.
Hoy no puedo pensar en un cierre más que en enviar un máximo respeto a quienes están padeciendo esa realidad.
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