Alfredo Bielma Villanueva
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Lo sucedido recientemente en San Andrés Tuxtla y en Totalco es una extensión de aquella trágica escena en Orizaba en la que dos hermanos fueron victimados por disparos de elementos policiales, se acompaña ese tétrico elenco con la noche del viernes 19 de febrero en Lerdo de Tejada cuando un joven fue privado de la vida por elementos policiales, contundente prueba del nulo control en el reclutamiento de personal policial en la entidad; exhibe también el nivel del descontrol en la gobernanza al que hemos llegado en Veracruz. La lamentable muerte por violencia de gente inocente aumenta al interior del ente social la percepción de inseguridad y más cuando la mano asesina viste uniforme de policía. ¿Por qué descontrol de gobernanza? Porque en Lerdo de Tejada, en Sayula, en Alvarado, en Poza Rica y muchos municipios más la policía municipal está bajo sospecha ciudadana, vox populi señala Sotto voce la actuación de su autoridad municipal sin que la operación política del gobierno estatal aparezca para desfacer entuertos. ¿Acaso no es semejante a dormir con el enemigo tener que cuidarse también de la policía? ¿cómo se describe una circunstancia en la que el ciudadano ya no sabe si temer más a un delincuente o a un retén policiaco? Un contexto social de esa naturaleza es posible atribuirlo a muchas causas, pero nunca como condición derivada de un genuino Estado de Derecho.
Ese panorama es testimonio fehaciente de cómo el tejido social se ha venido deteriorando en nuestro país, es solo punta del iceberg el patético episodio en que, como Fuente Ovejuna, la muchedumbre apretuja e insulta a la alcaldesa de San Andrés Tuxtla en reclamo por la agresión que policías de ese municipio a un comerciante que resultó muerto, se dice que por los golpes propinados por el grupo de policías que lo detuvo. Y si a ese esquema de patologías policiacas se agrega el acelerado avance de la delincuencia organizada que le arrebata al Estado Mexicano extensas zonas del territorio nacional ningún diagnostico pudiera desembocar en conclusiones optimistas. Pero si no bastara, a ese escenario de lúgubres pronósticos debe agregarse la a la casi nula calidad en el reclutamiento policial, y debemos añadir que la Guardia Nacional por lo hasta ahora observado tampoco ofrece garantías en su función de valladar contra la delincuencia. Ya en grado de perverso masoquismo ahora se añade una reforma al Poder Judicial cuyo contenido no alberga sino profundas dudas respecto al éxito de sus consecuencias. “Ya éramos muchos cuando parió la abuela”, se canta en el llano cuando el agua está llegando al cuello.
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