06 de Marzo de 2026
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Estúpida política (antidrogas) militar y prohibicionista. ¿Qué quiso decir Petro?
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Colombia: / ----
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2025-09-28 - 18:49


El Pensadero.


 


Por Héctor G. Amador
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Los artistas colombianos Byron Sánchez ( B-King) y Jorge Herrera (Regio Clown) son víctimas de la “estúpida política militar y prohibicionista llamada guerra contra las drogas a la que obligan a la humanidad y a América Latina”. Esto escribió el lunes el presidente de Colombia Gustavo Petro en un mensaje en X cuando se enteró que en México los habían encontrado sin vida luego de ser reportados desaparecidos el 16 de septiembre.






"Asesinaron nuestra juventud en los Estados Unidos de Mexicanos Mafia internacional fortalecida por la estúpida politica militar y prohibicionista, llamada "guerra contra las drogas" a la que obligan a la humanidad y a América Latina Más jovenes asesinados por una política antidrogas que no es política antinarcotraficante" elpais.com/mexico/2025-09





Han pasado 10 días desde que ambos fueron vistos por última vez. El caso parece lejos de resolverse y ya supone una confrontación entre los gobiernos mexicano y colombiano que pone sobre la mesa, desde el lado de Petro, la forma como los regímenes latinoamericanos ¿enfrentan? el consumo de drogas. Y hablamos solo de consumo porque él mismo destaca en su mensaje que esta política, además, no lucha contra el narcotráfico. Los adjetivos que Petro le encaja a la política antidrogas de México son un tiro de precisión a uno de los complejos motivos por los que nuestra región ha sido incapaz de frenar el consumo de drogas. El presidente colombiano no cuestiona, critica, y lo hace con la mayor precisión: militar y prohibicionista. Estúpida, claro. 


El asesinato de dos artistas colombianos en México es escándalo, así lo demuestra la cantidad de titulares que la prensa mexicana le ha dedicado al caso, pero si conseguimos, por un instante, voltear la vista hacia el fondo del asunto, podría sorprendernos que el caso deja ver una causa profunda de la violencia que hay contra miles de jóvenes mexicanos y latinoamericanos, que quedan entre el fuego cruzado de esas políticas militares y prohibicionistas. Aquellos que enfrentan alguna adicción son vistos, desde el juicio moral, como no merecedores de la atención, la ayuda o la protección del Estado: son criminalizados. 


Este estigma, que muchas veces es más pesado que la propia dependencia, se ha institucionalizado históricamente en México. Se combate al adicto y no a las adicciones, eso habla Gustavo Petro. Nuestros gobiernos parten, además, de la utopía de que una sociedad sana es aquella donde no se consumen drogas, y nosotros repetimos el discurso mientras destapamos una cerveza o encendemos un cigarrillo. La idea enraizada de que debemos anular el consumo de drogas, exterminarlo, nos mantiene simulando una lucha que tiene más de doble moral que de científica. He ahí el problema. 









A estas alturas ya debíamos haber advertido que la política de prohibir no funciona, bastará con revisar en nuestro entorno cuántos jóvenes usan vapeadores. El hijo de López Obrados quema como si fuera un reto personal contra su padre que, con la mano derecha redactaba la iniciativa para prohibirlos, y con la izquierda quizás se tapaba los ojos para ocultar los vínculos de su círculo cercano con los cárteles mexicanos. 


¿Qué pasaría si México intentara poner como punto de partida los datos que la ciencia nos arroja, y centrar la política antidrogas sobre la base de la realidad? Suiza lo hizo en los años 90. En aquellos tiempos enfrentaron una fuerte crisis de salud que, además de un alto consumo de heroína, el uso descuidado de jeringas provocó un alto índice de transmisión de VIH y Hepatitis C, enfermedades que circundan al consumo de sustancias inyectables debido a que las condiciones de violencia e insalubridad en que las usaban, traían consigo consecuencias ajenas a la sustancia en sí. Además los contextos donde se conseguía esa sustancia ilegal eran violentos y, por ello, los homicidios y otros delitos también se dispararon.


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