Iván Calderón
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La elección de Pedro Miguel Rosaldo García como presidente del Consejo de la Conferencia Estatal de Seguridad Pública Municipal, y la designación de Adanely Rodríguez como secretaria técnica, no deben leerse como un simple ajuste de organigrama. Hay ahí una señal política de fondo.
Le explico.
No es casual que, en la instalación formal de este nuevo espacio de coordinación, dos alcaldes de peso regional hayan quedado colocados en posiciones clave. Pedro Miguel, desde Coatzacoalcos, y Adanely, desde Poza Rica, representan dos puntos estratégicos de Veracruz: el sur y el norte. Y en materia de seguridad.
Y es que indudablemente la seguridad no se resuelve solo desde la capital. Se construye también desde el territorio, desde las regiones que concentran dinámica económica, movilidad, presión social, conflictividad y retos operativos. En esa lógica, poner al alcalde de Coatzacoalcos al frente del Consejo y a la alcaldesa de Poza Rica en la secretaría técnica revela una apuesta por fortalecer la coordinación institucional con anclaje regional.
No es menor. Hablamos de dos municipios con peso político, con visibilidad pública y con capacidad de interlocución. Pero, además, hablamos de dos zonas clave para la estabilidad del estado. El sur, por su dimensión estratégica, industrial y portuaria. El norte, por su relevancia territorial, urbana y operativa. Si Veracruz quiere reforzar su ruta de seguridad, hacerlo con presencia en esos dos polos tiene lógica política y sentido institucional.
La unanimidad con la que fue electo Pedro Miguel también dice algo. En política, cuando los votos cierran filas en torno a un perfil, el mensaje no es solo administrativo: es de reconocimiento, confianza y construcción de mando. Y si a eso se suma el nombramiento de Adanely Rodríguez como secretaria técnica, lo que aparece es una dupla con responsabilidad directa en la articulación de esta nueva etapa.
Por cierto, en ese segundo plano de alcaldes jóvenes que están entendiendo que gobernar no admite pausas, también empiezan a notarse señales claras en la región de Los Tuxtlas. El alcalde de Santiago Tuxtla Noé Cadena ha emprendido un ambicioso proyecto de alumbrado público en comunidades de su municipio, además de comprometerse a mejorar caminos; mientras que el alcalde de San Andrés Tuxtla, Rafa Fararoni, no ha dejado de trabajar en una estrategia que contempla acciones tanto en la cabecera municipal como en comunidades costeras, donde se espera una importante afluencia de visitantes en vísperas de Semana Santa.
Ambos, con el mismo peso en la lectura política, están mandando un mensaje de trabajo permanente: que hoy ser alcalde exige ritmo, presencia y operación 24/7.
En fin, con Rocío Nahle al frente del Consejo Estatal de Seguridad Pública, la señal parece clara: la seguridad no será tratada como adorno de discurso, sino como una tarea de coordinación real entre municipios y gobierno estatal. Y para eso se requieren operadores, no figuras decorativas.
Pedro Miguel y Adanely quedaron al centro de esa estrategia. Y alrededor, en otras regiones del estado, también empiezan a moverse alcaldes jóvenes que entienden que el trabajo político no descansa.
@IvanKalderon
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