Don Fernando Gutiérrez Barrios fue electo para el ´periodo 1986-1992, pero en 1988 fue invitado por el presidente Salinas de Gortari para desempeñarse como secretario de gobernación, luego entonces no tuvo oportunidad de realizar una gestión productiva para Veracruz. Pavimentó la carretera a Alto Lucero, que se asoció a su nombre, e inició las obras de construcción del Hospital Rafael Lucio, no mucho más. Fidel Herrera Beltrán gobernó de 2004 a 2010, tuvo oportunidad de realizar más obra pública que don Fernando, aunque ciertamente fue más ruido mediático que fiel correspondencia entre los miles de millones de pesos que manejó para la obra pública de su gobierno. Pese a esa diferencia cronológica de estancia en el poder veracruzano, cuando don Fernando salió del gobierno estatal los medios lo calificaron como “el mejor gobernador de Veracruz” y a Fidel que permaneció seis años se le regateó ese título. Para muchos en la entidad, incluido quien esto escribe, ni uno ni otro alcanzan ese calificativo, pero, ¿por qué a don Fernando sí y a Fidel no? Una primera premisa por considerar consistiría en preguntar si la opinión favorable a don Fernando hubiera sido la misma si en vez de irse a Gobernación se hubiera ido a su casa. Otra consistiría en la tesis de que el poder desgasta a quien lo ejerce, y esto opera en el caso de Fidel quien en la vorágine de su gobierno el patrimonialismo político fue una variable permanente, además, heredó a Veracruz un sucesor cuyo único mérito fue su cercanía y la complicidad. La paradoja estriba en que ambos gobernantes fueron generosos con algunos medios, pero a uno lo enaltecieron y al otro lo arrumbaron en la anécdota.