09 de Marzo de 2026
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Apuntes desde el suelo - Lenin Torres Antonio
LA PRESIDENTA DRA. CLAUDIA SHEINBAUM SU “TRASCENDENCIA”
> A propósito de la democracia económica y el relevo de la obsoleta clase política mexicana
2026-02-18 - 17:17

 


 


Dr. Lenin Torres Antonio


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En México, gobernar bien es un acto subversivo. Porque el poder no ha sido diseñado para servir, sino para reproducirse. Por eso la figura de Claudia Sheinbaum Pardo desata una furia que no se explica con la crítica política convencional: lo que se le combate no es su ideología, sino su capacidad de gobernar con método, de planear, ejecutar y evaluar. Eso, para una clase política parasitaria, es una amenaza existencial, y lo vemos como un disco rayado ir por los paneles del “cuarto poder” venido a menos, repitiendo sin cesar, “narco estado”, “corruptos”, “seremos Venezuela”, a los patéticos voceros de la oposición prianista, que sin poder todavía salir del shock después de haber perdido el poder en el 2028, sólo logran esbozar un pobre mediática “guerra sucia” que aunque a cada rato se tope con la pared y la otra realidad más positiva que ha construido la llegada de AMLO a la presidencia de México y la ratificación contundente con Claudia Sheinbaum en el 2024.


 


Sheinbaum no proviene del folklore del cargo ni del culto al micrófono. Proviene de la cultura del proyecto obradorista, y de una sólida formación académica, por eso, la científica que formula hipótesis levanta diagnósticos, mide variables y corrige errores, trasladó esa lógica al gobierno. Y ahí se rompió el hechizo: el Estado volvió a planear a pensar profesionalmente las políticas públicas, por lo que la política pública dejó de ser ocurrencia. El presupuesto empezó a tener dirección, y gobernar dejó de ser una simulación.


 


Los logros están a la vista para quien no vive de la mentira profesional: planeación urbana con sentido social, movilidad pública fortalecida, transición energética con base técnica, políticas ambientales sustentadas en evidencia, inversión pública sostenida y política social territorializada. Datos, no consignas. Resultados, no slogans. La vieja política odia eso porque vive del caos que ella misma produce y del teatro en que convirtió la política, por eso, sólo cuando visitaba el tlatoani el territorio (casualmente) se pintaban los camellones, y más que una reunión de trabajo y fiscalización del impacto de las políticas públicas en la localidad, era un jolgorio donde los caciques y “gruesos” recibían al gobernante, ese día se echaba la casa por la ventana para dejar la mejor impresión que sí se estaba trabajando en “favor de los más necesitados”, y aplaudían jocosamente el anuncio que hacía Peña Nieto del salario mínimo que en 30 años aumentaba de 80.04 pesos a 88.36 pesos, celebrando el aumento que cínicamente llamaron histórico de 08.32 pesos.  .


 


Pero el enemigo real no está solo afuera. El lastre auténtico, lamentablemente, el que carcome cualquier intento de transformación, es la casta política sin relevo generacional. Siendo nuestra eficiente presidenta de las pocas que no provienen de la vieja casta política que poco a poco han emigrado a MORENA. Una generación educada en el uso patrimonial del Estado que se aferra al poder público como náufrago a la tabla. No saben hacer política sin presupuesto; no saben existir fuera del cargo; no saben gobernar, solo repartir. Cambiaron de siglas, no de cerebro. Cambiaron de discurso, no de reflejos. Son los zombis del régimen.


 


Esa casta es más peligrosa que la oposición declarada porque opera desde dentro. Sabotea lento, simula lealtades, bloquea con burocracia, desgasta con inercia. Es la anti-política vestida de pragmatismo. Es el freno de mano de la historia. Y mientras siga intacta, cualquier transformación corre el riesgo de convertirse en administración del cambio… hasta que el cambio se pudre.


 


Aquí está el dilema: usar el poder para desplazar a quienes viven del poder. No basta la honestidad personal (indiscutible). No bastan políticas públicas de calidad (demostradas).


 


Hace falta decisión política para romper la columna vertebral del viejo sistema, incluso cuando esa columna se camufla de guinda. El relevo no es biológico; es moral y político. No es edad; es mentalidad.


 


Este es un debate nacionalista en el sentido más serio del término. No hay nación con un Estado capturado por castas. No hay soberanía con funcionarios que rinden cuentas a su supervivencia, no al pueblo. No hay justicia social si la planificación se subordina al chantaje interno y al ruido mediático. La soberanía se ejerce; no se declama.


 


Por eso atacan a Sheinbaum con saña. Porque una científica en el poder dinamita dos dogmas del viejo régimen: que el Estado no puede planear y que gobernar es solo retórica. Temen a su ideología, sí; pero le temen más a su eficacia. A un gobierno que mide, corrige y avanza.


 


A un Estado que vuelve a ser rector. A una presidenta que entiende que planear es mandar.


 


La oposición grita porque no propone. Los reciclados resisten porque sin cargo no existen.


 


El ruido es el último refugio de quienes no tienen proyecto ni patria. Frente a eso, la disyuntiva es clara: o se completa la transformación con ciencia, planeación y relevo político, o la historia volverá a cobrar factura por cobardía interna.


 


México no necesita una administradora del legado ni una equilibrista de pasillos. Necesita una jefa de Estado que entienda que gobernar es diagnosticar, ejecutar y confrontar; que la nación se defiende con políticas públicas, no con discursos; y que el poder público no se hereda ni se renta: se disputa y se renueva.


 


Por eso los grandes retos de la presidente Sheinbaum:


 


Ante las buenas notas macroeconómicas y también microeconómicas, está el reto de lograr la democratización de la economía que ha permitido que una minoría tenga en sus manos más del 50% del Producto Interno Bruto, y México sea uno de los países más desiguales en el mundo.


 


Por eso, México ocupa un lugar muy rezagado a nivel mundial en igualdad económica. Dicho sin rodeos: es uno de los países más desiguales del planeta, pese a ser una de las principales economías.


 


¿Dónde está México en la distribución de la riqueza? En términos comparados: México se ubica entre el 10–15 % de países con mayor desigualdad económica del mundo, de acuerdo con mediciones del coeficiente de Gini y estudios de organismos internacionales.


 


Dentro de la OCDE, México ha estado de forma persistente entre los 3 países más desiguales, junto con Chile y, en algunos periodos, Turquía.


 


En América Latina, región ya de por sí desigual, México no es el peor, pero sí está en el bloque alto de concentración de riqueza, lejos de países que han logrado reducir brechas de forma más consistente (Uruguay, Argentina en ciertos ciclos, Costa Rica).


 


El dato clave. el que explica todo: el 10 % más rico de México concentra alrededor del 55-60 % de la riqueza nacional. El 50 % más pobre apenas accede a entre 5 y 7 % de la riqueza total.  Y El 1 % más rico concentra una proporción similar -o mayor- que la mitad más pobre del país.


 


Esto coloca a México en una situación estructuralmente desigual, heredada de décadas de políticas neoliberales que desvincularon crecimiento económico de justicia distributiva. ¿Qué significa esto políticamente?


 


No es solo un problema económico. Es un problema de Estado, democracia y soberanía: no puede haber democracia sustantiva cuando la riqueza está tan concentrada, no puede haber movilidad social real cuando el punto de partida está tan brutalmente desbalanceado, y no puede hablarse de Cuarta Transformación plena mientras una élite minúscula siga capturando más de la mitad del ingreso nacional.


 


Por eso, cuando en los textos se afirma que: “Mientras la minúscula élite económica siga manteniendo más del 50 % del Producto Interno Bruto no podremos hablar de una Cuarta Transformación”, no es retórica: es diagnóstico estructural.


 


El nudo histórico, pues México no es un país pobre: es un país rico con una distribución colonial de la riqueza. Y ahí está el núcleo del conflicto político actual.


 


La derecha defiende esa concentración, la oposición la oculta, parte de la clase política la administra.


 


Y el proyecto transformador, si quiere ser real, tiene que desmontarla.


 


El otro reto, ante una MORENA convirtiéndose paulatinamente en un PRI reeditado, está en el relevo de esa clase política acostumbrada a vivir del erario, afuera y adentro, así que debe tener presente que los de afuera en las urnas sucumbirán, pero los de adentro, debe ser relevados por una nueva clase política más sana mentalmente, porque muchos de los que rodean a la presidente Sheinbaum son los mismos que los de enfrente.


 


Febrero de 2026.


 


 

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