Pbro. José Manuel Suazo Reyes
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El evangelio que escucharemos este domingo, Mt 3, 13-17, comprende dos momentos importantes: el primero es un diálogo entre Jesús y Juan Bautista donde Jesús le pide que lo bautice y Juan se resiste. El segundo momento habla de lo que sucedió después del bautismo de Jesús, donde aparecen varios signos importantes.
Dentro del ciclo litúrgico que estamos viviendo, el Bautismo de Jesús, forma parte de una serie de manifestaciones. En efecto con el nacimiento de Jesús se nos manifestó el amor de Dios que se aproxima a nosotros para salvarnos; con la adoración de los magos de oriente, Jesús se manifiesta a toda la humanidad representada en los magos de oriente que adoran a Jesús y le ofrecen regalos y ahora con el bautismo del Señor, es el Padre mismo que nos presenta a su propio Hijo Jesús.
Nos detenemos en los signos que aparecen luego del bautismo de Jesús: La apertura de los cielos; El Espíritu Santo que desciende sobre Jesús y la voz del padre eterno. Todos estos elementos presentes en el bautismo de Jesús nos revelan su identidad. Jesús es el hijo predilecto enviado por el Padre y ha sido ungido, al estilo de los profetas, para llevar a cabo la misión salvífica que el Padre le ha encomendado.
LA APERTURA DE LOS CIELOS. Existía una creencia común en el judaísmo tardío que después de la muerte de los últimos profetas (Ageo, Zacarías y Malaquías) “se habían cerrado los cielos”, es decir el Espíritu había dejado de inspirar a los mensajeros de la palabra divina. La profecía había cesado y eso se constituía en una verdadera tragedia (Sal 74, 9). Como consecuencia de esta creencia, también se decía que los cielos volverían a abrirse sólo hasta la llegada del Mesías. Él como profeta escatológico sería ungido con el Espíritu. La apertura de los cielos que nos cuenta San Mateo, entonces es una manera de decirnos que el Mesías ha llegado y que inaugura una nueva comunicación entre Dios y la tierra.
EL DESCENSO DEL ESPÍRITU EN FORMA DE PALOMA. Todos los evangelistas hacen notar que el Espíritu Santo descendió sobre Jesús en forma de Paloma (Mt, 3, 16; Mc 1, 10; Lc 3, 22; Jn 1, 33). Ya San Mt en sus relatos de la infancia nos dice que Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo ahora, al momento de narrarnos su bautismo, nos dice que su misión tiene también el mismo origen. El Espíritu Santo será quien guie a Jesús durante su ministerio. La imagen de la paloma recuerda la interpretación rabínica de Gn 1, 2 (el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas) que habla de la creación. El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús nos recuerda que con la llegada del Mesías y la presencia del Espiritu Santo se inaugurará la nueva creación.
LA VOZ CELESTIAL. El punto culminante del relato del bautismo de Jesús que escucharemos este domingo es la manifestación de aquella voz que viene desde el cielo y que dice: Este es mi hijo, muy amado en quien tengo mis complacencias. Esta voz celestial es la voz de Dios Padre que revela la identidad de Jesús. Jesús es el hijo predilecto del Padre que está lleno del Espíritu de Dios. De ahí en adelante, toda su vida y ministerio estarán acompañadas por la acción del Espíritu Santo.
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