Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
_____________________________
A mi modo de ver, en la actualidad, una de las características (consciente o inconsciente) de los occidentales, es el ‘horror vacui’ (miedo al vacío); y en estas fechas navideñas, ese horror se puede observar de forma más acusada. Asimismo, los políticos que en estas fechas hacen sus discursos a modo de balance anual, nos muestran, también, su vacío, su ‘insoportable levedad’ (en referencia a la obra ‘La insoportable levedad del ser’ (1984) Milan Kundera, 1929 - 2023), como intento exponer a continuación.
En la actualidad, todos necesitamos comprar, tener cosas, acumular, estar siempre conectados a las redes sociales, etc., como ejercicio para llenar nuestro tiempo, y evitar quedarnos solos con nuestros pensamientos y emociones. Nos aterra el vacío social y material, ya que no tenemos el valor de dejarnos fluir libremente, de conseguir el autoconocimiento. Por eso, enviamos fotografías de lo que hacemos, comemos, bebemos, de nuestros viajes, etc.; y lo compartimos todo no solo para alardear, si no, también, para mostrar nuestra ‘artificiosa plenitud’.
Hemos abandonado el ‘pienso luego existo’ (‘cogito ergo sum’, ‘je pensé, donc je suis’, René Descartes, 1596 – 1650) para sustituirlo por el ‘consumo luego existo’, que es más popular y cómodo.
La filósofa Adela Cortina escribió:
‘El sistema solo atiende aquellas necesidades de quienes tienen dinero suficiente para pagarlas; si no, el sistema no las considera como tales. De acuerdo con este, los africanos no necesitan para nada las naranjas, porque no tienen absolutamente nada para poder pagarlas y en consecuencia quedan absolutamente excluidos. Consumimos comparándonos con otros. Cuando preguntamos: ¿Qué tal estás?, deberíamos responder ¿Comparado con quién? Porque todo es comparativo. Si estamos en un lugar en el que todos son miserables, y nos cuestionamos sobre el consumismo, la respuesta será diferente de si estamos en otro país. La cuestión es que siempre comparamos, y cuando vemos que el otro tiene algo distinto, consciente o inconscientemente empezamos a desearlo…Queremos tener lo que tiene el vecino, queremos tener lo que aparece en TV como propio de una clase social ideal a la que quisiéramos pertenecer…’.
Pero estamos tan inmunizados, tan alienados, que ya no sentimos los efectos perniciosos de la sobrealimentación, de la infoxicación, mientras tengamos más que los otros.
Kundera, en su obra mencionada, consideraba la levedad, como la inconstancia de ánimo, la ligereza del valor de las cosas, la intrascendencia, la insignificancia, la trivialidad, la puerilidad, y se planteó ¿qué significaba amar en un mundo donde todo es efímero?
Y esa brevedad, esa rapidez, esa inmediatez, para pasar de una cosa a otra, sin parar, nos genera una ansiedad, que nos incomoda; y, para colmo, nos disgusta que los pequeños y jóvenes no tengan paciencia, que lo quieran todo al instante, al momento. Cuando, en realidad, son el reflejo, el producto, de nuestra forma de ser.
El citado Descartes, antes de morir, dijo: ‘Mi vida estuvo llena de desgracias, muchas de las cuales jamás sucedieron’; explicando, de ese modo, que muchas veces nos preocupamos por algo que nunca sucedió, generalmente situaciones negativas, pues es más fácil imaginar lo malo que lo bueno.
Pues bien, en ese caldo de cultivo, no es de extrañar que estos días, aparezcan personajes como Felipe VI, Salvador Illa, etc., realizando sus rutinarios discursos navideños, mostrando su balance de la situación. Pero, no son más que meras muestras de su levedad, de su insignificancia, pues no tienen ni la capacidad, ni la voluntad, para preparar un breve discurso y narrarlo de forma natural, espontánea; todos utilizan el telepronter, para hacer ver que no leen. Todo es pura artificiosidad, rodeada de lujo y luces, para mostrar su pretendida grandeza y, así, disimular su vacuidad.
Y en esa vacuidad, esos dos personajes han coincidido, mejor dicho, el súbdito Illa ha copiado la idea de centrar su discurso en la ‘convivencia’:
√ el rey, ante los extremismos (‘olvidando’ que él es un extremista que alentó las cargas policiales contra los votantes catalanes y la represión contra Catalunya, en general; y
√ el monaguillo Illa, argumentándola como muestra de humanidad ante los inmigrantes, sin citar explícitamente a los expulsados por García Albiol, alcalde de Badalona, y que Illa no ha sabido gestionar);
pues es evidente que, desde sus respectivas poltronas, lo que desean es la perpetuación del estatus quo, el mantenimiento de su negocio y prebendas, y para ello, no hay nada más cómodo que llamar a la convivencia. Pero, claro, olvidan que incluso dentro de las prisiones es necesaria cierta convivencia.
Y, ‘curiosamente’ ambos ‘olvidaron’ el valor de la democracia, del respeto de la voluntad popular, pues eso les importa un bledo. Lo que quieren, como he dicho, es la anestesia de la ciudadanía, nuestra irrelevancia. Y si fueran sinceros, preferirían la ‘paz de los cementerios’, pero, claro, necesitan consumidores que hagamos funcionar, hacer rodar el sistema.
Ítalo Giovanni Calvino Mameli (1923 – 1985), en ‘Six Memos’, afirmó:
‘Es cierto que el software no puede ejercer su poder de ligereza excepto a través del peso del hardware. Pero es el software el que da las órdenes, actuando sobre el mundo exterior y sobre máquinas que existen solo como funciones del software y evolucionan para poder elaborar programas cada vez más complejos. La segunda revolución industrial, a diferencia de la primera, no nos presenta imágenes tan aplastantes como laminadores y acero fundido, sino ‘bits’ en un flujo de información que viaja por circuitos en forma de impulsos electrónicos. Las máquinas de hierro existen, pero obedecen las órdenes de bits ingrávidos’.
(Wikipedia)
Así, en el sistema actual, nos encontramos con personajes como los citados Felipe VI e Illa, que nos quieren engañar con su respectiva ligereza con guantes de seda, pues saben que el trabajo sucio se lo hacen sus diferentes brazos de poder (judicial, policial, mediático, etc.) que actúan como el mencionado hardware, e incluso peor, pues tienen cierta autonomía represora.
La filosofía oriental y otros pensadores enaltecieron la levedad; así Ambroise-Paul-Toussaint-Jules Valéry (1871 - 1945) escribió ‘hemos de ser ligeros como un pájaro y no como una pluma’. Pero ya hemos visto que, en la actualidad occidental, la levedad mal entendida, paradójicamente, es la inutilidad fruto del hartazgo de tener cosas, de la acumulación en todos los sentidos y aspectos.
En definitiva, que debemos dar carpetazo y liberarnos de los represores Felipe e Illa, con sus machacones tópicos, sin concreción de planes de futuro realmente ilusionantes. Debemos levantarnos, movilizarnos, para que el actual período anestesiante sea breve (y ya está durando demasiado). Debemos superar nuestro ‘horror vacui’ ante la falta de líderes independentistas, pues los presuntos actuales están quemados, y les conocemos demasiado, sabemos su inconsistencia y debilidades, su insignificancia levedad; el único que se salva, de momento, es el president legítimo Carles Puigdemont, y por eso, el represor estado español no quiere aplicar la amnistía y sigue ejerciendo su mano férrea.
____________________________
Otras Entradas
2025-12-24 El arte de la organización
2025-12-23 Por qué hacer las cosas fáciles, pudiéndolas hacer complicadas
2025-12-22 Sapere aude
2025-12-21 Elecciones anticipadas en Extremadura: ¿inicio de ciclo?
2025-12-20 Mañana (21/12) solsticio de invierno, en el hemisferio norte
2025-12-19 Peligro y repercusiones para los alertadores, la transparencia es teatro
2025-12-18 El brazo extralargo y corrupto del poder judicial español
Lo más visto
13 Dic 2018 Convenio entre el Conmas y Club Rotario, en favor de quienes más lo necesitan
12 Dic 2018 #LaBasílicaMenor de Nuestra Señora de Guadalupe, en el barrio de El Dique
10 Dic 2018 Obtendrían descuento en el Predial discapacitados y adultos mayores
12 Dic 2018 Rinden protesta nuevos funcionarios municipales #Xalapa
13 Dic 2018 Pide Congreso al Orfis un informe sobre la adquisición del Sistema de Videovigilancia