
Luis Ramírez Baqueiro
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“La conducta es un espejo en que cada uno muestra su imagen”. – Johann Wolfgang von Goethe.
En Veracruz, la tragedia se ha convertido, lamentablemente, en un recurso político. La muerte de la alumna de la Facultad de Psicología, Diana Jael Cuervo Santos estudiante de la Universidad Veracruzana (UV), ocurrida durante el reciente temporal que azotó el norte del estado, ha sido utilizada por voces críticas y opositoras para golpear, sin pudor, a la institución y a su rector, Martín Aguilar Sánchez. Un episodio doloroso, de carácter estrictamente climatológico, se ha transformado en una narrativa cargada de oportunismo.
Se sabe que la tragedia siempre va cargada de dramatismo, y eso precisamente sucedió en el caso de esta jovencita, que se habría quedado al interior de la pensión en donde habitaba, bajo llave porque la propietaria de la misma habría salido a una urgencia médica, bloqueando la posibilidad para salir de la propiedad, perdiendo en el lugar la vida, lamentablemente.
Desde Poza Rica, Álamo y toda la región norte de Veracruz, las lluvias torrenciales provocaron un escenario de desastre pocas veces visto. Las autoridades estatales y universitarias actuaron conforme a los protocolos: emitieron alertas, suspendieron actividades y resguardaron a la comunidad estudiantil. Sin embargo, los hechos fueron más rápidos que cualquier previsión humana. La pérdida de una vida joven en esas condiciones es, ante todo, una tragedia que no puede ni debe politizarse.
Aun con los reportes meteorológicos, con la coordinación entre Protección Civil y la UV, y con la suspensión de clases decretada en cuanto el riesgo fue evidente, algunos sectores se han empeñado en responsabilizar a la institución. Ignoran, deliberadamente, que el fenómeno climático fue de una magnitud atípica, que superó toda expectativa y dejó daños severos en infraestructura, viviendas y caminos de más de una decena de municipios.
Lo más indignante es que mientras el rector Martín Aguilar estaba en Poza Rica, atendiendo personalmente las necesidades de la comunidad universitaria, garantizando la seguridad y el apoyo a los estudiantes afectados, las críticas más feroces se lanzaban desde la comodidad de los escritorios o las redes sociales. Ninguno de esos detractores se ha detenido a reconocer su presencia en el lugar de los hechos, su gestión ante las autoridades o su acompañamiento a las familias.
Entonces cabe preguntar: ¿por qué insistir en esa narrativa? ¿Quién gana con mantener vivo el discurso del señalamiento y la culpa? La respuesta parece evidente. Se busca minar la confianza en las instituciones, desgastar la figura del rector y alimentar una percepción de caos que no corresponde con la realidad.
En lugar de honrar la memoria de la joven estudiante con respeto y solidaridad, algunos han preferido convertir su muerte en herramienta política. Pero la verdad, como la lluvia que arrasó con todo, termina por limpiar el terreno: detrás del ruido, lo único que queda claro es la mezquindad de quienes lucran con el dolor ajeno.
Al tiempo.
astrolabiopoliticomx@gmail.com
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx
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