10 de Marzo de 2026
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Apuntes desde el suelo - Lenin Torres Antonio
“Echar para delante” y la inexistente “Democracia Económica”
2025-09-03 - 19:03

 


 


Dr. Lenin Torres Antonio
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Norberto Bobbio sostiene que la democracia


no puede limitarse a procedimientos formales,


sino que debe garantizar una distribución


equitativa del poder económico.


(Bobbio, 'El futuro de la democracia', 1984).


 


En estas últimas fechas dos acontecimientos variopintos destacaron en la juerga y jerga política mexicana, el vandalismo del presidente del PRI en la tribuna de los senadores de la república mexicana y los logros de los gobiernos de la 4ª T., el rescate de la pobreza a más de 13 millones de mexicanos y los indicadores macroeconómicos que sitúan a México como una de las economías más fuertes dejando atrás por mucho a Italia y a Finlandia.


 


El caso “Alito”, como popularmente se conoce a Alejandro Moreno Cárdenas, presidente nacional del otrora invencible aparato electoral del PRI —partido que gobernó México durante 71 años hasta perder la elección presidencial en el año 2000 frente al PAN— es emblemático. El PAN, que en su momento fue visto como una auténtica alternativa democrática, terminó revelándose como más de lo mismo: corrupción y simulación. Tras dos sexenios fallidos —el primero encabezado por Vicente Fox Quesada, exdirector nacional de operaciones en México y luego presidente de la división de América Latina de Coca-Cola, y el segundo por Felipe Calderón Hinojosa, recordado por haber iniciado el desangramiento del país con su torpe y miope estrategia de “guerra contra el narcotráfico”— el PRI pareció tomar un segundo aire al ganar la presidencia en 2012 con Enrique Peña Nieto, el galán del Canal de las Estrellas. Sin embargo, al igual que “Alito”, Peña Nieto terminó por darle el tiro de gracia al PRI como opción electoral, convirtiéndose en su sepulturero y preparando el terreno para su entierro definitivo.


 


“Alito” no es el viejo solitario y excéntrico Makoke de Gravity Falls; forma parte de una clase política mexicana que, para sorpresa de muchos embelesados por las nuevas narrativas de renovación moral, sigue viva y activa. Los “Alitos” pululan por doquier. Se trata de una clase política con una enorme capacidad de adaptación, capaz de sobrevivir en condiciones adversas y mortales. Su habilidad camaleónica les permite transitar de discursos libertarios a populistas, de la izquierda a la derecha y viceversa; del PRI a Morena, o incluso fundar nuevos galeones piratas —partidos nacionales y locales— para continuar sus fechorías. No es de extrañar que muchos expriistas, ahora encaramados en el barco de Morena, padezcan de amnesia respecto a sus pasados piratas y delincuenciales.


 


“Alito” no solo es un falso tribuno, sino también el símbolo de la decadencia de la praxis política. Su diferencia con otros miembros de la clase política mexicana radica en su descaro y falta de vergüenza. Se presenta negando la decadencia del PRI, y sus limitaciones cognitivas e intelectuales lo llevan a responder con una verborrea esquizoide que siempre se resume en su famoso “echar para adelante”. Este personaje es también reflejo de una oposición carente de proyecto de nación, incapaz de articular propuestas que respondan a los problemas estructurales del país: pobreza, inseguridad, salarios mal remunerados, salud y educación de calidad, entre otros. Todo esto persiste, a pesar de las buenas noticias en los indicadores macroeconómicos que presume el gobierno de Morena.


 


Me gustaría que existiera un gran debate, con verdaderos tribunos, sobre el México que debemos construir, tanto dentro como fuera del ámbito público. Pero no es así. La Cuarta Transformación no ha logrado desvelar un proyecto de país más allá de su diagnóstico monotemático centrado en el “combate a la corrupción” y en la retórica desgastada de la llamada Nueva Escuela Mexicana, que no logra superar los lugares comunes del pensamiento freireano (en alusión al pedagogo Paulo Freire). Desde ahí, apenas se balbucea una tímida posición de izquierda.


 


Y qué decir de la derecha PRIANISTA, que, maltrecha, solo puede apelar a la retórica vulgar y a actos de fuerza bruta, cada vez más cerca de desaparecer del mapa electoral mexicano.


 


No debemos pensar que Alito es un caso aislado. Es, más bien, un síntoma de la decadencia de la clase política mexicana. El verdadero peligro para México radica en que se pretenda consolidar la Cuarta Transformación como una ruptura histórica —al nivel de la Independencia, la Reforma o la Revolución— con los mismos actores de siempre. Las tres transformaciones anteriores se definieron por conceptos claros y diferenciables. En cambio, la 4T alude apenas a un momento de cambio de poder, protagonizado por una clase política cuyos miembros provienen, en su mayoría, del PRI, y que se sostiene en una retórica pobre centrada en el supuesto “combate a la corrupción” y en una “renovación moral” igualmente cuestionable.


 


Si algo puede decirse con certeza, es que la 4T representa un intento por retomar las reivindicaciones sociales pendientes de la Revolución Mexicana, especialmente aquellas relacionadas con la justicia social. Reivindicaciones que fueron pospuestas, primero, por el asesinato prematuro de Francisco I. Madero, y luego por la instauración de la “dictadura perfecta” iniciada por Plutarco Elías Calles, que repartió los cotos de poder regional entre los señores de la guerra.


 


Si en estos momentos alguien le preguntara al más avezado obradorista en el poder público qué es la Cuarta Transformación, seguramente tendría serias dificultades para definirla con claridad, y aún más para distinguirla de las tres grandes rupturas históricas que ha vivido México. Los postulados pendientes para definir con precisión la 4T representan el verdadero reto para los pocos actores auténticos que no arrastran un pasado priista, como es el caso de la presidenta Claudia Sheinbaum. Además, es indispensable que se plantee con rigor cómo se logrará una economía verdaderamente democrática, que implique una justa redistribución de la riqueza generada en el país. No puede haber Cuarta Transformación si no se rompe con la concentración del ingreso en una pequeña élite —el 1%— que detenta más del 50% del Producto Interno Bruto.


 


Aunque es cierto que el gobierno de AMLO hizo lo que los anteriores debieron hacer —como sacar de la pobreza a 13 millones de mexicanos—, eso no constituye una excepción ni algo extraordinario. El problema de fondo, la desigualdad social y la pobreza estructural, sigue sin resolverse. Lo que falta es una democracia económica: pasar de una democracia meramente electoral a una que garantice justicia económica para las mayorías.


 


Los datos macroeconómicos que nos alegran el oído no deben cegarnos ante la realidad: el progreso aún no alcanza a la mayoría de los mexicanos. Los empleos bien remunerados, la mano de obra calificada, la paz y la tranquilidad siguen siendo aspiraciones lejanas. Es cierto que México ha superado a Italia y Finlandia en tamaño de economía total, medido en paridad de poder adquisitivo (PPA), pero no en otros indicadores clave como el PIB per cápita o el bienestar social.


 


Según estimaciones de World Economics (2025), México tiene un PIB en PPA de 4.104 billones de dólares internacionales, lo que representa aproximadamente el 1.9% de la economía global. Italia cuenta con 3.796 billones, y Finlandia con 0.373 billones. Esto significa que, por su tamaño poblacional y capacidad productiva ajustada al costo de vida, México ya supera a ambos países europeos en magnitud económica total.


 


Sin embargo —y este “sin embargo” es crucial— Italia y Finlandia siguen por delante en aspectos fundamentales: PIB per cápita (ingreso promedio por habitante), indicadores de educación, salud, seguridad, productividad laboral y equidad social.


 


Pensar que con una clase política que repite religiosamente el mantra de “primero los pobres” desde su cómoda, buena y “honrada” vida new-fifí, y que convierte en extraordinario lo que no es más que su deber, se puede transformar México, es una ilusión. Lamentablemente, ni siquiera estamos en las preliminares de ese salto cualitativo que requiere la vida pública nacional.


 


Conviene recordar que fue Andrés Manuel López Obrador quien demostró que era posible ayudar a la gente sin necesidad de robar, desmintiendo los malos augurios que advertían una crisis económica si se aumentaba el salario mínimo. Lamentablemente, su partida dejó huérfano al movimiento de la Cuarta Transformación. Por eso vemos ahora a esos camaleones —como Alito— que hablan sin vergüenza de la 4T desde sus vidas de lujo y despilfarro. Y no hay manera de justificarlos, especialmente a los morenistas. El argumento de Noroña, quien afirma que sus “lujitos” son fruto de su “honrado esfuerzo”, ignora que sus privilegios provienen de los altos salarios que reciben por estar en la cúspide del poder, algo que muy pocos mexicanos pueden siquiera imaginar. Si fueran verdaderos franciscanos, no intentarían justificar su vida fifí; los nuevos elegidos del poder público —los morenos versión priista— deberían donar parte de sus ingresos a obras de caridad cristiana, quedándose solo con lo necesario para vivir como un mexicano de clase media.


 


Así que, México, cuidado con los “Alitos”: están por todas partes. Es urgente jubilar a esa clase política que se ha acostumbrado a aparentar lo que no es. La vuelta de los mismos tampoco representa una opción viable para el país. Lo que hace falta es una auténtica revolución de las conciencias, que permita desmitificar las falsas revoluciones post-AMLO y desenmascarar a los falsos tribunos, como Alito, que encarnan lo peor del viejo régimen bajo nuevos disfraces.


 


https://www.elimparcial.com/dinero/2025/09/01/mexico-ya-supera-a-italia-y-finlandia-en-el-tamano-de-su-economia-segun-world-economics-2025/


 


Septiembre de 2025


 


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