Salvador Muñoz
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Si hay un personaje que sabe cómo meterle reversa al “progreso” en materia de Salud, ése es Roberto Ramos Alor. No contento con su paso tambaleante por los Servicios de Salud de Veracruz, ahora regresa con más ímpetu –aunque con los mismos resultados desastrosos– al frente de IMSS Bienestar en Veracruz, tras pedir licencia como diputado federal. Porque, claro, para algunos, el hueso se antepone a la vocación.
Apenas ayer se celebraba el avance que en el Sesver del Doctor Valentín, en coordinación con el Bien Star de Gómez Cazarín, se daba en pro de los veracruzanos, bastó una nota de TV Azteca (https://www.tvazteca.com/aztecanoticias/ninos-cancer-se-quedan-sin-medicamentos-en-hospital-cecan-en-xalapa-veracruz) para regresarnos a la cruda realidad: veracruzanitos con cáncer sin medicamentos en el Centro de Cancerología (Cecan) de Xalapa. No hay metotrexato, no hay ciclofosfamida, no hay vincristina… pero lo que sí tiene Ramos Alor son excusas, ¡y de las buenas!
“No me quieren vender”, dicen que responde Ramos Alor ante la crisis. ¿Así o más absurdo? Si esa fuera la solución, entonces pongamos a cualquier hijo de vecina al frente del sector salud: “no me quieren vender el pan”, y cerramos la panadería. La salud pública en manos de quien se lava las manos, pero no la conciencia.
El problema no es nuevo, pero con Ramos Alor parece que cada bache se convierte en socavón. En su primera gestión en Servicios de Salud, lo vimos disfrazarse de payaso, de “doctor sonrisa”, mientras en los hospitales lo que escaseaba eran medicamentos y hasta gasas. Ahora, en su versión 2.0, ha regresado igual de performático, pero con menos gracia… y con la misma negligencia.
Mientras en su discurso presume cobertura universal y abasto garantizado, en la práctica, madres lloran frente a hospitales porque sus hijos no reciben la quimioterapia a tiempo. Y Ramos Alor, impertérrito, prefiere decir que el problema es de los proveedores. Como si no tuviera un aparato de compra para resolverlo.
Eso sí, cuando en Servicios de Salud de Veracruz se logra algún avance, por mínimo que sea, llega la sombra de Ramos Alor a opacar cualquier logro. Porque donde él pisa, la polémica florece… y el medicamento escasea.
En vez de operar como un cirujano de precisión, Ramos Alor actúa como un curandero sin remedios: muchas palabras, pocas soluciones. Y lo más preocupante: la salud de los veracruzanos –y sobre todo, de los niños– sigue en terapia intensiva.
Si de verdad hay voluntad política, que alguien le dé de alta definitiva porque en el expediente del “Doctor Pretexto”, la única constante es el fracaso. Y en Veracruz, los enfermos no pueden seguir pagando los platos rotos de su ineficacia.
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