Sergio González Levet
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El grupúsculo que rodea al rector Martín Aguilar, compuesto de palurdos y perdularios en su conjunto, y que quiere seguir detentando el poder en la Universidad Veracruzana por los siglos de los siglos, echó las campanas al vuelo ayer y se anotó una victoria precaria e inexistente ante la cantidad de personas que estuvo en la marcha convocada por miembros de la comunidad universitaria en defensa de la autonomía, de la legalidad y de la decencia de la casa de estudios.
Cierto, ayer en la explanada de Rectoría apenas había algunas decenas de personas vestidas de negro (en señal de luto por nuestra alma mater, vejada por una caterva de delincuentes disfrazados de luchadores sociales, marxistas de manual, manifestólogos, depredadores, ladronzuelos). Y si fueron pocos los que escucharon las palabras de cordura de aspirantes a participar en el proceso de sucesión del Rector, no fueron para nada mínimos en el entusiasmo y la razón moral que les da tener la razón.
Con ésa, van dos concentraciones citadas para exigir a la Junta de Gobierno que se apegue a la ley y que no eche al fango su prestigio, convocadas también para pedirle al Rector que haga a un lado su ambición personal y que recuerde sus días de estudiante, cuando al parecer tuvo la carne firme y un sueño en la piel (Serrat, que abjuraría de un seguidor tan falto de ética como Martinillo).
Ya las plumas abolladas con que apenas cuenta la Rectoría han tratado de dar por muerto al movimiento en contra de la prórroga, que sin embargo goza de cabal salud y se disemina entre la sombra y por los corrillos, se consolida, crece, convence.
Los arrebatadores del prestigio universitario son mínimos en el número: un rector, siete consejeros solamente, unos cuantos funcionarios demasiado bien pagados, algunos directores amenazados en su honra y su base, la entrometida alcaldesa electa de Xalapa… y párele de contar.
Y por el lado de quienes se oponen al rapto de la Rectoría están: los tres exrectores de la autonomía, los más conspicuos exmiembros de la Junta de Gobierno (y con ellos las dos consejeras que renunciaron recientemente), cientos de académicos, miles de alumnos, y muchos miles de egresados de las aulas magníficas de la UV… y con todos ellos, la sociedad veracruzana, el pueblo pues.
Sume usted la opinión en contra de la gobernadora Rocío Nahle García y tendrá la tormenta perfecta enderezada ante la felonía que pretende hacer valer la Junta, montada en la terquedad inenarrable de Martinillo y sus secuaces.
No, cacos, no han ganado nada ni se ha consumado su latrocinio. El dragón está apenas despertando. Habrá mucha historia por delante…
…y muchas marchas más.
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