10 de Marzo de 2026
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SIN TACTO - Sergio González Levet
La Navidad, Eliot y Mistral
2024-12-26 - 19:09

 


 


Sergio González Levet


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Puede usted buscar en su corazón o en el alma -espíritu que tal vez existe- y hallará palabras sonantes o fugaces ideas que le traerán la emoción -si es cristiano o similar- de sentir a Dios en el pecho y querer donar su amor al mundo.


O tal vez buscará sin encontrar, y no es porque no tenga nada ahí, sino porque no aprendió o no le enseñaron a mirar hacia dentro.


Pero seguro hallará -oh, sí, se lo aseguro- en el fondo de lo que han escrito los poetas lo que busca para que se sienta agraciado por la belleza y la verdad.


Hoy en tiempo de navidades recurro a dos grandes, enormes voces, la de la chilena Gabriela Mistral y la del gringo T. S. Elliot.


Ahí está todo lo que busca -quizás-.


 


T.S. Elliot


Hay muchas actitudes hacia la Navidad,


algunas de las cuales podemos desechar:


la social, la torpe, la abiertamente comercial,


la juerguista (los bares abiertos hasta medianoche)


y la pueril — que no es la del niño


para quien la vela es una estrella y el ángel dorado


que despliega sus alas en la cima del árbol


es no un simple adorno, sino un ángel.


 


El niño se embelesa ante el Árbol de Navidad:


dejadle conservar ese espíritu de admiración


ante la Fiesta en cuanto evento no aceptado como pretexto;


de modo que el arrebato centelleante, la maravilla


del primer Árbol de Navidad recordado,


de modo que las sorpresas, el deleite en nuevas posesiones


(cada cual con su peculiar y emocionante olor),


la expectativa del ganso o del pavo


y el esperado sobrecogimiento ante su aparición,


 


de modo que la reverencia y la alegría


no lleguen a olvidarse en la experiencia posterior,


en el aburrido acostumbramiento, la fatiga, el tedio,


la certeza de la muerte, la conciencia del fracaso,


o en la piedad del converso,


que puede estar teñida de arrogancia


desagradable a Dios e irrespetuosa hacia los niños


(y aquí recuerdo también con gratitud


a santa Lucía, su canción y su corona de fuego):


 


de modo que antes del fin, la octogésima Navidad


(entendiendo por “octogésima” la última),


los recuerdos acumulados de la emoción anual


puedan concentrarse en un gran gozo


que será también un gran temor, como en la ocasión


en que el temor desciende a cada alma:


porque el principio nos rememorará el final


y la primera venida, la segunda venida.


 


Gabriela Mistral


Vamos a buscar


dónde nació el Niño:


nació en todo el mundo,


ciudades, caminos…


 


Tal vez caminando


lo hallemos dormido


en la era más alta


debajo del trigo…


 


O está en estas horas


llorando caidito


en la mancha espesa


de un montón de lirios.


 


A Belén nos vamos.


Jesús no ha querido


estar derramado


por campo y caminos.


 


Su madre es María,


pero ha consentido


que esta noche todos


le mezan al Niño.


 


Lo tiene Lucía,


lo mece Francisco


y mama en el pecho


de Juana, suavísimo.


 


Vamos a buscarlo


por estos caminos.


¡Todos en pastores


somos convertidos!


 


Gritando la nueva


los cerros subimos


¡y vivo parece


de gente el camino!


 


Jesús ha llegado


y todos dormimos


esta noche sobre


su pecho ceñidos.


 


sglevet@gmail.com


 


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