Alfredo Bielma Villanueva
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En teoría, una buena relación entre la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora electa Rocío Nahle despierta alentadoras esperanzas de que, ahora sí, Veracruz obtendrá los beneficios necesarios para salir del enorme bache socioeconómico en que se encuentra, debido precisamente a gobiernos de gestión deficiente entre las cuales destaca con opaco brillo la de Cuitláhuac García, correligionario político de ambas prominentes personalidades políticas. Debe enfatizarse que el atraso social de la población veracruzana no debe atribuirse a un gobierno en particular, porque los tres partidos que han gobernado esta entidad en lo que va del siglo comparten respectivas culpas. Cuitláhuac ya va de salida de facto se ha hecho a un lado, o lo han apartado, según ha sido posible advertir en los movimientos de la gobernadora electa y de quienes serán sus colaboradores más cercanos; y porque no pasó desapercibida su muy marginal o nula intervención en los preparativos del evento partidista encabezado por la cúpula nacional de MORENA en la ciudad de Veracruz. Que vendrá la presidenta Sheinbaum a la sesión solemne del Congreso local donde se le tomará la protesta de rigor a Rocío Nahle como gobernadora constitucional de la entidad veracruzana es buena noticia, porque confirma una buena relación entre ambas y siembra la esperanza de que ahora sí el gobierno federal pondrá atención con apoyos efectivos al desarrollo socioeconómico de la entidad, aunque en esto mucho dependerá de la capacidad de gestión que alcance el nuevo gobierno estatal.
Porque antes ya ha habido análogo semblante esperanzador en Veracruz aunque con deprimente desengaño, así fue cuando en noviembre de 1992 el presidente Salinas de Gortari asistió a la toma de posesión de Patricio Chirinos, su buen amigo, y ofreció que ayudaría a Veracruz “como nunca” antes en su historia, pero todos nos quedamos esperando las anticipadas buenas nuevas anunciadas en ese respaldo retórico, principalmente los habitantes del norte veracruzano que vieron frustrados sus anhelos de “ahora sí” gozar de carreteras en buenas condiciones. Igual sucedió hace seis años cuando el 2 de diciembre de 2018 el presidente López Obrador en su primera salida a la provincia mexicana visitó Xalapa y en templete frente a la Plaza Lerdo, junto al flamante gobernador Cuitláhuac García, hizo ofrecimientos cuyas realizaciones nos quedamos esperando. Pero el pasado debe servir para ilustrar lo que debe y no debe hacerse en el presente, porque repetir las mismas dosis a un organismo permanentemente enfermo obtendrá siempre el mismo resultado, si todo queda en discurso será como volver a arar en el mar. No por nada cobra calidad de inmarcesible el adagio popular: “la burra no era arisca…”.
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