Bernardo Gutiérrez Parra
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Que sus enemigos le digan Amlito o Madurito es algo que tiene sin cuidado a Alejandro “Alito” Moreno, que este domingo fue reelegido líder nacional del PRI, con lo que terminó por adueñarse del cadáver del partido que enterrará a más tardar en seis años.
La farsa comenzó desde temprano en la sede nacional del tricolor con el registro de los consejeros políticos. Casi a medio día llegó el señor candidato, depositó su voto y por primera vez en la historia de unos comicios, se declaró la validez de la elección, se entregaron las constancias de mayoría a los ganadores, se les tomó la protesta de ley y listo; Alejandro Moreno y Carolina Viggiano fueron ungidos presidente y secretaria general del PRI para el periodo 2024-2028.
“Lo que hay que ver; el PRI haciendo trampa a los priistas”, me dijo un militante veracruzano.
Es la primera ocasión en sus 95 años que el tricolor reelige a un dirigente nacional. Y Alito logró dos cosas: obtener el 97 por ciento de los sufragios y ganar también por primera vez una elección como presidente del partido. No hay que olvidar que bajo su liderazgo el PRI perdió 11 gubernaturas.
Alito puede presumir que arrasó porque obtuvo el respaldo de 440 de los 452 delegados que se prestaron a la farsa yendo a votar el domingo. Es decir, ganó por una aplastante minoría ya que los delegados nacionales suman (o sumaban hasta antes del 2 de junio) más de 10 mil 900.
No estuvieron presentes los delegados que han sido desde siempre la columna vertebral y el corazón del partido como los de la CTM, CROC, CNOP o del cada vez menos numeroso STPRM; tampoco hubo representantes municipales.
Pero eso no obstó para que constara que Alito es el nuevo mandamás de un PRI a cuyo velorio en el auditorio Plutarco Elías Calles, asistieron 452 paleros y un minúsculo grupo de acarreados.
¿Qué sigue?
Siguen las elecciones municipales del 2025 donde el PRI saldrá “victoriosamente” derrotado, porque ¿qué político o miembro de la sociedad civil en su sano juicio, aceptará que lo abandere un partido que ya está muerto y que competirá, si bien le va, con un 6 por ciento de aceptación?
Con ese porcentaje pasó de protagónico a comparsa. La bronca es que nadie lo quiere de aliado.
A partir del domingo el dirigente reelecto y sus secuaces cargarán con el féretro del otrora partidazo hasta el 2030, año en que Alito será “postulado” candidato a la presidencia de la República con quizá el 3 o 4 por ciento de aceptación.
Después de esas elecciones caerá para siempre la bruma de la noche sobre el PRI, que en casi un siglo de existencia aguantó de todo. Pero no pudo ante los embates de un sujeto al que hizo gente llamado Andrés Manuel López Obrador, que se apoyó para sus aviesos fines en un ladrón y sociópata de origen campechano.
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