Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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Tal como comenté en mi último escrito, pensaba aprovechar estos días de vacaciones para desconectar y descansar un poco, pero hay ocasiones que no permiten este descanso, y que no podemos dejar pasar por alto sin comentarlas.
Todos somos conscientes que es frecuente pervertir el lenguaje, alterando su verdadera naturaleza, adulterándolo, falsificándolo, deformándolo, transformándolo y corrompiéndolo, para conseguir intereses personales y partidistas, por ejemplo.
Un ejemplo lo tenemos con el término ‘terrorismo’ que, según el diccionario de la RAE, tiene los siguientes significados:
Etimológicamente, el término de terrorismo:
‘Se refiere a la ejecución de actos intencionados de violencia con el propósito de dañar o matar personas, sembrando el pánico, con fines intimidatorios y de coerción, especialmente hacia ciertos sistemas políticos.
Se formó del término ‘terreur’, sentir un miedo intenso, del latín ‘terror’, temblor.
Maximiliano Robespierre (1758 – 1794) lideró el período revolucionario francés (1789 – 1799) esa política de terror, guillotinando a miles de personas, entre ellas, al rey Luis XVI (1754 – 1793), ejecutado en la Plaza de la República en 21 de enero de 1793.
En 1794, durante la Convención Nacional Francesa, dijo lo siguiente:
‘Si la base de un gobierno popular en tiempo de paz es la virtud, en tiempos revolucionarios son la virtud y el terror. El terror sin virtud es barbarie, y la virtud sin terror debe ser impotencia’.
Es evidente que la incorrecta y abusiva utilización del lenguaje, por ejemplo, del término ‘terrorista’, busca configurar un imaginario colectivo basado en el engaño. Y esa es una muestra más de la amoralidad y falta de ética del estado español, como veremos en el siguiente artículo que reproduzco fragmentariamente:
‘Escándalo porque la fiscalía española califica el independentismo catalán de terrorismo.
El ministerio fiscal español incluye el independentismo catalán en el apartado de ‘terrorismo nacional’ en su memoria anual.
La fiscalía general española considera que el movimiento independentista catalán es terrorismo. Esto se desprende en su memoria anual que refleja la actividad del ministerio fiscal español, un documento extenso y público sobre la evolución de la criminalidad y las prevenciones de los delitos. En el documento, el movimiento independentista -según la fiscalía ‘Movimiento Violento Independentista Catalán’- es incluido en el apartado ‘terrorismo nacional’, en la misma sección en la que se trata ETA y el GRAPO.
(…) El órgano dice que el independentismo catalán ha hecho 54 acciones violentas y de sabotajes al estado español. En a lista incluye, entre potras cuestiones, la colocación de pancartas, cortes ferroviarios, manifestaciones ilegales, desordenes públicos e, incluso, daños a símbolos franquistas.
Relación de las 54 acciones violentas y de sabotaje en España:
El documento también analiza ‘el estado actual de la amenaza’. En este caso, apunta que el 2021, comparado con años anteriores, ha habido poca ‘actividad violenta’ por factores sociopolíticos. ‘La crisis sanitaria de la covid-19 ha causado el descenso en la presión y movilización del independentismo radical y violento catalán’.
La fiscalía recoge acciones que considera simbólicas, como los cortes diarios en la avenida Meridiana de Barcelona, y otras de reivindicativas, de frecuencia semanal, de cortes en unos cuantos puentes.
‘Aquello que en la etapa 2017 – 2019 constituyó una red genuina, coordinada y dinámica de ejercicio de la violencia callejera, mayoritariamente de baja intensidad, ha decaído al mismo ritmo que la militancia radical ha ido abandonando la acción directa’, considera la fiscalía’
(Pol Baraza Curtichs, Vilaweb, 6 de abril del 2023)
Ante ese informe, de entrada y de forma rápida, se me platean las siguientes observaciones:
No quiero ni puedo extenderme, pero me parece que queda suficientemente claro que, con ese informe calumnioso de la fiscalía, realmente el estado español está haciendo un tipo de política basura, propia estercoleros como el que representa el reino español.
Yo soy uno de los manifestantes pacíficos de la avenida Meridiana, y, por lo tanto, un ‘terrorista’ según la fiscalía; y como mis compañeros, seguiremos haciendo de ‘mosca cojonera’ mal que les pese a los diferentes poderes del estado, desde la alcaldesa Ada Colau, al president de la Generalitat, Pere Aragonès, y a todas las esferas del estado español.
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