Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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Todos sabemos que, para no provocar mal entendidos, debemos ser muy precisos en nuestras expresiones y afirmaciones, especialmente, si son escritas, pues perduran.
Un ejemplo de mala precisión lo expresé ayer en mi afirmación que decía: ‘Cualquier argumento personal y sincero, es ético y moral. Y, por lo tanto, respetable’. Y, efectivamente, no es así, de forma tan categórica, pues de ese modo relativizaríamos cualquier acción ‘personal y sincera’, llegando a respetar hasta el nazismo. No todas las actuaciones personales y sinceras son éticas, morales y respetables. Por eso, pido perdón al lector de mi anterior escrito, que hoy he releído, para efectuar una continuación, pero que al final, he decidido cambiar el tema, como se puede ver.
Siguiendo con la precisión del lenguaje, muchos oímos, con frecuencia, que se utilizan los términos ‘fascista’ y ‘nazi’, lanzados como un insulto a diestro y siniestro.
También sabemos que el ‘lenguaje políticamente correcto’ (que no deja de ser una censura tapada por la ‘cortesía’) evita la utilización de esos términos.
Por eso, me parece interesante profundizar en el término ‘fascista’, pues, como se verá, no siempre es incorrecta su utilización.
Según el diccionario de la RAE:
Fascista: Perteneciente o relativo al fascismo. Partidario del fascismo. Excesivamente autoritario.
Fascismo:
‘Según muchos académicos, un régimen fascista es, por encima de todo, una forma de gobierno autoritaria, aunque no todos los regímenes autoritarios sean fascistas. El autoritarismo es, en el fascismo, tan solo una de sus características. (…) De forma similar, el fascismo como ideología y como movimiento político es también difícil de definir.
(…) Desde la Segunda Guerra Mundial, debido a las connotaciones negativas y a la indefinición de la ideología, los términos ‘fascista’, ‘facha’, ‘facho’ y similares han sido utilizados coloquialmente como insultos hacia personas o grupos percibidos como autoritarios, reaccionarios o intolerantes, tales como Ronald Reagan o Donald Trump, o hacia rivales políticos en un intento de desprestigiarlos, hasta tal punto que varios autores han argumentado que el término ha perdido toda o casi toda su utilidad.
Así, ya en 1944, George Orwell afirmaba: ‘Aunque cuando usamos el término ‘fascismo’ al describir Alemania o Japón o la Italia de Mussolini, sabemos más o menos qué significa. Es en la política interna donde el término ha perdido los últimos vestigios de su significado. Por ejemplo, si miras la prensa encontrarás que no hay quien – y por supuesto ningún partido u organización – no haya sido denunciado por fascista durante los últimos diez años (…) Parecería que, tal como se usa, la palabra ‘fascismo’ ha quedado casi totalmente desprovista de sentido. En las conversaciones, por supuesto, se usa casi más ampliamente que en prensa (…)’
(Wikipedia)
También nos encontramos con los términos ‘neofascista’ y ‘neofascismo’, que incluyen importantes elementos del fascismo:
‘Generalmente incluye ultranacionalismo, ultraconservadurismo, supremacía blanca, antifeminismo, populismo, autoritarismo, nativismo, xenofobia, homofobia y oposición a la inmigración, así como la oposición s la democracia liberal, la soberanía parlamentaria, el liberalismo, la socialdemocracia, el laborismo, el socialismo, el marxismo y el comunismo’
(Wikipedia)
Llegados a este punto, me parece que es preciso buscar un referente intelectual de primer orden, reconocido a nivel mundial, para que nos ilumine. Y ese intelectual (filósofo, semiólogo y escritor), a mi modo de ver, fue Umberto Eco (1932 – 2016).
Este autor, el 24 de abril de 1995, pronunció un discurso en la Universidad de Columbia, Nueva York, recogido después en ‘Cinco escritos morales’ (Penguin Random House, 2010) y en ‘Contra el fascismo’ (Lumen, 2018), cuya síntesis se puede encontrar en diferentes webs y, en concreto, en ctxt.es, con la traducción de Helena Lozano Miralles (del 16 de enero del 2019), que es la que seguidamente reproduzco parcialmente, si bien aconsejo su lectura completa.
‘Los 14 síntomas del fascismo eterno
El Ur-Fascismo puede volver con las apariencias más inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el índice sobre cada una de sus formas nuevas, cada día, en cada parte del mundo. Libertad y liberación son una tarea que no acaba nunca.
El término ‘fascismo’ se adapta a todo porque es posible eliminar de un régimen fascista uno o más aspectos, y siempre podremos reconocerlo como fascista. Quítenle al fascismo el imperialismo y obtendrán a Franco o Salazar, quítenle el colonialismo y obtendrán el fascismo balcánico. Añádanle al fascismo italiano un anticapitalismo radical (que nunca fascinó a Mussolini) y obtendrán a Ezra Pound. Añádanle el culto a la mitología celta y el misticismo del grial (completamente ajeno al fascismo oficial) y obtendrán uno de los gurús fascistas más respetados, Julius Evola.
A pesar de esta confusión, considero que es posible indicar una lista de características típicas de lo que me gustaría denominar ‘Ur-Fascismo’, o ‘fascismo eterno’. Tales características no pueden quedar encuadradas en un sistema; muchas se contradicen mutuamente, y son típicas de otras formas de despotismo o fanatismo, pero basta con que una de ellas esté presente para hacer coagular una nebulosa fascista.
(Me parece muy interesante resaltar esta última frase, es decir, que basta con que una de ellas esté presente (…), pues, más adelante, al centrarme en el reino español, será fundamental)
Libertad y liberación son una tarea que no acaba nunca. Que éste sea nuestro lema: ‘No olvidemos’. Y permítanme que acabe con una poesía de Franco Forfini:
En el pretil del puente
las cabezas de los ahorcados.
En el agua de la fuente
las babas de los ahorcados.
En el enlosado del mercado
las uñas de los fusionados.
En la hierba seca del prado
los dientes de los fusilados.
Morder el aire morder las piedras
nuestra carne no es ya de hombres.
Morder el aire morder las piedras
nuestro corazón no es ya de hombres.
Pero nosotros lo leímos en los ojos de los muertos
y en la tierra haremos libertad
pero apretaron los puños de los muertos
la justicia que se hará.
Centrándome en el reino español, y como he dicho, me parece muy interesante resaltar que basta con que una de estas 14 característica esté presente para ‘hacer coagular una nebulosa fascista’.
Y vemos que el tradicionalismo / irracionalismo, basado en la ‘sangre y en la tierra’, conforma el ADN del estado español, pues se fundamenta en el sincretismo acrítico ya que considera que pensar y discrepar, es una traición; y el Ur-Fascismo persigue la diversidad.
Asimismo, la retórica nacionalista española, reactiva ante las ‘afrentas’, por la frustración, es el motor del populismo del Ur-Fascismo; y esto, los independentistas catalanes, lo hemos visto muchas veces; así como vemos que nos quieren imponer el nacionalismo español, españolista, por ‘haber nacido en el único país’ (¿qué dice tu DNI?), en el mejor, del mundo mundial.
Los independentistas catalanes hemos sufrido la fuerza del enemigo español, y vemos cómo todos los poderes, empezando por el judicial, nos quieren humillar. Y les conviene seguir el ‘conflicto’, ya que a los partidos unionistas españoles les va muy bien, les da votos, ya que no ‘luchan por la vida’, sino que su ‘vida es para la lucha’. Por eso nos lanzan sus ‘héroes’ dirigidos por Felipe el ‘preparao’, para defender la unidad de su estado, prescindiendo de las diferentes identidades; y con un lenguaje simplón: ‘a por ellos, oé, oé’, ‘que nos dejen actuar’, etc.
Como se puede ver, de estas 14 características señaladas por Umberto Eco, el reino español, los partidos unionistas y los diferentes poderes del estado, aplican varias, con diferentes matices, pero las ejercen sin reparos.
Y como dice Eco, ‘basta con que una de ellas esté presente para hacer coagular una nebulosa fascista.
Un solo ejemplo: que un estado no permita que uno de sus pueblos, como el catalán, pretenda independizarse, que aplique toda su fuerza, todos sus poderes, los legales y los ilegales, que espíe por todos los medios a nuestra población, que manipule y mienta, que nos castigue hasta el extremo de buscar nuestra humillación, que no acepte las opiniones críticas y discordantes, que considere que su sacrosanta unidad de España es la verdad revelada, y que la tradición es sagrada que debe aceptarse acríticamente, etc., son claras muestras de comportamiento fascista.
Por eso, a mi modo de ver, es correcto decir que el estado español se mueve en la nebulosa fascista, y que todos sus dirigentes unionistas, están en esa nube.
Y siendo así, me parece que es correcto decir que el estado español, el rey, y todos los poderes del estado, se mueven en el fango del fascismo. Y, por lo tanto, no está fuera de lugar considerar que son fascistas, neofascistas, o Ur-Fascistas.
Y, por eso, decírselo, no es un insulto, es una constatación.
Por todo eso, seguimos y seguiremos trabajando por nuestra independencia de un estado rancio, caduco y antidemocrático (pues no se puede ser poco o muy demócrata, como no se puede estar medio embarazada).
Somos pocos, pero sabemos que una pequeña colilla puede causar grandes incendios forestales. Así que seguiremos manifestándonos, confiando que más pronto que tarde, cambien las actuales circunstancias, tan adversas.
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