Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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Pedro Sánchez (n. 1972), lleva toda su vida ‘trabajando’ en el servicio público, pues el año 2003 ya figuró en la lista electoral del ayuntamiento de Madrid, pero, al ir como número 23 de la lista, no salió elegido (únicamente fueron elegidos 21), y un año después, tras la renuncia de dos compañeros, en mayo del 2004 entró como regidor en el ayuntamiento de Madrid, a los 32 años, si bien a los 26 años ya había sido asesor en el Parlamento Europeo por parte del PSOE. Y desde entonces, ha ido ocupando diferentes cargos (diputado desde el 2009). Así que, pese a su juventud, tiene una amplia experiencia, si bien limitada y mutada por las cortapisas que imponen todos los partidos, especialmente los sistémicos, como el PSOE y el PP.
Y de ahí su resiliencia, ya que se ha ido adaptando a los diferentes líderes, salvo en el breve período de oposición (crisis del 2012, presentada por Susana Díaz), por eso es un gato viejo que sabe vender como de interés general, lo que le interesa personalmente, pues únicamente él es su objetivo.
Ahora, tras los fracasos electorales en la comunidad Castilla y León, y, posteriormente, en la de Andalucía, y ante un año electoral complejo, pues el 2023 se realizarán elecciones municipales, autonómicas (en muchas comunidades) y, a final de año, las generales; y dadas las encuestas, que pronostican la victoria del PP, Pedro Sánchez, en lugar de hacer autocrítica, ha efectuado diferentes cambios en el organigrama del PSOE, afectando a cargos del máximo nivel en la ejecutiva, como Adriana Lastra, número dos del PSOE y vicesecretaria general del mismo, baja presentada por motivos ‘personales y médicos’; como también la baja de Dolores Delgado, fiscal general, también por motivos ‘personales y médicos’.
El camaleónico Sánchez nunca asume ninguna culpa ni fracaso, los traspasa a otros. Eso sí, lo que él considera éxitos, los asume en primera persona, y sale en todos los medios de comunicación, dejándose besar por los periodistas afines.
Hoy, sábado, Pedro Sánchez, ha presentado los cambios en la ejecutiva al comité federal, reunido de forma extraordinaria, siendo aprobados sin oposición. Y, en su discurso, se ha esforzado en justificar que los cambios son para afrontar un año difícil y poder salvaguardar el bien de España, el de los españoles, ante la amenaza de que vuelva el PP.
Es comprensible que todos los partidos intenten reforzarse ante los comicios, y es habitual que los discursos se vistan del interés general, cuando, en realidad, no deja de ser una lucha por el poder o por mantenerse en el mismo.
Por eso, la mayoría estamos inmunizados, o deberíamos estarlo, ante ese tipo de relatos, pues sabemos que es precisamente eso, una confrontación de relatos, no de realidades.
Etimológicamente, ‘el verbo relatar significa volver (re-) llevar (lat-) unos hechos al conocimiento de alguien, y en cierto modo, equivale a narrar algo describiéndolo vívidamente. Viene del verbo latino ‘refero’ (volver a llevar)’ (http://etimologias.dechile.net)
Y es sabido, también, que los camaleones son unos reptiles que tienen la capacidad de cambiar de color, de mimetizarse con el entorno, para no ser vistos, cuando sienten miedo, pudiéndose quedar inmóviles durante horas.
‘En la mayoría de las culturas bantúes, el camaleón juega un papel determinante entre la vida y la muerte. Según el mito, Dios envió al camaleón para anunciar a las personas que nunca morirían, pero los camaleones andan dudando -un pasito adelante, (casi) un pasito atrás – y el mensajero llegó con retraso’. (Wikipedia)
Por eso, los partidos abusan de que nuestra memoria sea limitada y condicionada. Afortunadamente es limitada, ya que es un mecanismo de defensa (inconsciente, por definición), pues sería imposible vivir sin esas limitaciones. Pero que esté condicionada por los poderes, que refuerzan elementos de forma interesada (ya sean verdaderos o manipulados), es una vergüenza.
Un buen ejemplo de esa manipulación, lo tuvimos el pasado día 20, con la conmemoración de los 30 años de la inauguración de las Olimpiadas de Barcelona 92, pues todo fue grandilocuente, resaltando los aspectos positivos, y por ello, todos los políticos (Pere Aragonès, Ada Colau, Miquel Iceta, Narcís Serra, etc.) tuvieron su cuota de pantalla en los actos organizados por el ayuntamiento.
Pero, tristemente, se ocultaron aspectos negativos, que también los hubo, como la represión previa contra los independentistas, organizada por el juez ‘estrella’ (y después ‘estrellado’), Baltasar Garzón; y la especulación de la vivienda, que vino inmediatamente después.
El exdiputado David Fernández, en el diario Ara de hoy, hace una emocionante defensa de los independentistas encausados y torturados con carácter preventivo. En total más de 60 detenciones de los que únicamente 15 fueron juzgados, una razzia en la que el 75% de los detenidos no llegaron a ser ni procesados; y 23 denuncias por torturas quedaron impunes.
Y, olvidando eso, la ceremonia festiva, como señala David Fernández, seguía mostrando al corrupto Juan Carlos I, presidiendo los juegos, a Narcís Serra, que después tuvo que dimitir por las escuchas al rey, y posteriormente, por la crisis de Caixa de Catalunya, tras dejar un agujero negro de más de 12.000 millones de euros.
Como vemos, el ‘relato’ es lo que acaba funcionando y calando en la gente, que, acríticamente, acabamos asumiéndolo como si fuera la realidad revelada.
En nuestra historia del 1714, también tenemos un ‘relato’ interesado, pues si bien se presenta como el gran héroe a Rafael de Casanova i Comes (1660-1743), ‘conseller en cap’ de Barcelona (por ser el alcalde de la ciudad), gobernador y coronel de La Coronela, la fuerza de choque, que organizó y dirigió la defensa de la ciudad, herido cuando dirigía un contraataque de la Coronela, en el sector de Sant Pere de la ciudad, siendo relevado por el segundo ‘conseller’, Feliu de la Penya. Después de unas 10 horas de combates, Villarroel, dada la situación, ordenó suspender las hostilidades, sin autorización de los dirigentes políticos catalanes. Casanova fue informado de la rendición mientras era atendido en el improvisado hospital de sangre instalado en el colegio de la Mercè.
En el pacto de capitulación, Berwick concedió la vida y el perdón a los jefes de la rebelión, si bien, poco después, Villarroel y 24 oficiales del ejército catalán fueron detenidos, como ejemplo expiatorio ante Felipe V.
Rafael de Casanova y otros 1100 ‘jefes y caudillos de la rebelión’ fueron castigados -no con prisión- con la confiscación perpetua de sus propiedades. Casanova continuó viviendo en Barcelona, y, tras el tratado de Viena de 1925, se estipuló la liberación de los militares en prisión desde 1714, y el retorno de los bienes confiscados (…) En 1734, Casanova dejó de ejercer de abogado y falleció en su casa familiar en Sant Boi de Llobregat, en mayo de 1743.
Ahora bien, volviendo al citado Antoni de Villarroel i Peláez (1656-1726), militar de larga carrera, y defensor de Barcelona en 1714, como comandante general del ejército de Catalunya, y haciendo un gran salto (para no extenderme), y para pasar al final de la defensa de Barcelona, en la que, Villarroel también fue herido, hecho prisionero y llevado primero al castillo de Alacant, y después al castillo de Santo Antón de A Coruña, donde Villarroel pasó el resto de su vida hasta morir en febrero de 1726 (incumpliendo el pacto de Viena del 1725), en unas condiciones paupérrimas, en una celda que se inundaba con las olas del mar, lo que le provocó una parálisis total de las piernas.
(fuente: Wikipedia)
Obviamente, no pretendo comparar biografías, ni la valía de sus aportaciones, ya que ambas fueron extraordinarias y complementarias; y eso exigiría mayores conocimientos y sobre todo, mayor espacio. Y tampoco quiero ni pretendo abrir heridas donde actualmente no las hay, pues los verdaderos interesados y conocedores de nuestra historia, reconocen el valor de ambos héroes y de muchos más.
Como el valor del héroe Josep Moragues i Mas (1669-1715), militar con rango de general, que defendió, al final el castillo de Cardona, pactando su capitulación el 18 de setiembre de 1714; y junto a los capitanes Jaume Roca y Pau Macíp, fueron ejecutados de manera infame en marzo de 1715. Al general Moragues no se le reconoció el rango militar, y, descalzo, con camisa de penitente, fue arrastrado por las calles de Barcelona por un caballo, al llegar al patíbulo, fue decapitado y descuartizado, por tal de cumplir la triple condena de muerte que recibió. Su cabeza, como escarnio, fue expuesta en una jaula de hierro colgada en el Portal del Mar, hasta el mes de marzo de 1727.
Pero sí que me interesa destacar que ambos héroes (Casanova y Villarroel), con apenas 4 años de diferencia de edad, tuvieron un final diametralmente opuesto, como hemos visto, pues Villarroel, tras la derrota de 1714, pasó el resto de su vida (12 años) en una prisión infame. Mientras que Casanova, vivió 29 años tras la derrota, arruinado, pero pudiéndose dedicar a la abogacía, y sobreviviendo 17 años tras la muerte del militar.
Y esa gran y notable diferencia, debería ser mantenida en la memoria colectiva de todos los catalanes (independentistas y unionistas), a pesar de que el ‘relato’ oficial, se centre en Rafael de Casanova.
Y ese es un ejemplo más de la deformación de la historia transmitida por los poderes.
También es preciso señalar que, en toda la historia, los que padecen más, siempre, son la población en general (hombres, mujeres y niños), especialmente, los que menos poseen, y son los que arriesgan y pierden sus vidas en primera línea. Y eso deberíamos ponerlo en valor todos, siempre, para que no se repitan situaciones así. Si Putin quiere invadir Ucrania, que vaya él en primera fila, y si Pedro Sánchez, con toda su OTAN, quiere defender a los habitantes de ese país, que no envíe armas, que vaya él en persona para ayudar a la población. Es muy cómodo hacer la guerra a distancia, y sin mancharse las manos, cosa habitual en las personas carentes de ética y moral.
Evidentemente, la falta de palabra respecto a lo pactado en la capitulación de 1714, es decir, el respeto de la vida de los líderes, la expropiación de los bienes, etc., son una característica de los Borbones, pues, en 1714 lo hizo el primero de esa dinastía en España (Felipe V), y ahora, tras el referéndum del 2017, Felipe VI, lanzó el desgraciado ‘a por ellos’, con las consecuencias que todos conocemos.
Ojalá tenga razón el filósofo – matemático que cité en mi escrito de ayer (Alexander Deulofeu), y Felipe VI sea el último Borbón, si se confirma el final de ciclo en el 2029.
Y hasta ese momento, debemos activarnos y motivarnos, para no perder otra ocasión, y para enseñar a nuestros nietos, que, cuanto menos, hicimos lo posible.
Y, evidentemente, rechazar los ‘relatos’ que, como los camaleones, nos lanzan los diferentes partidos, y hoy, Pedro Sánchez. Los camaleones se mimetizan por miedo. Pedro Sánchez, también, pues ahora quiere vender una imagen de izquierda, que no ha tenido nunca.
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