
Sergio González Levet
Escuchar en la mañanera a Andrés Manuel López Obrador decir que no son necesarias las computadoras para realizar el trabajo de las oficinas gubernamentales; recordar que en un momento afirmó que con una estampita religiosa de podía prevenir el contagio del coronavirus o sanar de la Covid-19; pensar que hasta que se subió a un vuelo comercial internacional accedió a ponerse un cubre-bocas…
Todas esas actitudes o mañas presidenciales nos dan la idea de que el titular del Ejecutivo en México es un hombre que no está al corriente de los adelantos científicos y tecnológicos que ocurren en el mundo; que los ignora y los minimiza. Se advierte todo eso cuando le contesta a una reportera que las computadoras solamente son un motivo de corrupción, y que cualquier empleado puede hacer su función sin ellas, o en todo caso pidiendo una prestada un rato al compañero de al lado.
Con esa respuesta, López Obrador evidencia que no conoce el funcionamiento de una computadora, ni menos los servicios que puede prestar para hacer más eficiente y mejor el trabajo de una persona.
Es muy probable que ni siquiera haya usado cuando menos una vez un aparato de ésos.
Algo tiene el Presidente de la República cuando desaira tanto las bondades de la ciencia y la tecnología. Como que no le gustan porque no las comprende, o no las comprende porque no le gustan.
El problema es que una persona con un puesto tan importante y tan delicado no puede hacer caso omiso de los adelantos que presta la modernidad para que el ser humano avance en su productividad y en su conocimiento. El Presidente de la República debe ser la persona mejor informada de México, y eso sólo se logra con el manejo adecuado de las tecnologías de punta.
Yo no veo que AMLO use una laptop o una tableta personal, tampoco lo imagino escribiendo por sí mismo un texto o tomando una gráfica, para después transmitirlos por la vía de las redes a algún colaborador.
Eso es de dar miedo, o cuando menos de poner a pensar. Nuestro Presidente le apuesta a un outfit sencillo, a una presencia modesta, como si vestir de manera decorosa fuera un pecado. Pero también se suma a la sencillez en el pensamiento, y eso lo hace ver retrógrada.
La pauperización financiera del gobierno morenista va aparejada con una pauperización intelectual, en la cual la modernidad es mal vista. Tal vez se quiera que volvamos a los tiempos del buen salvaje, a las señales de humo para comunicarnos y al ábaco para hacer operaciones matemáticas.
Mientras tanto, el mundo avanza, la ciencia consigue logros inimaginados, la tecnología hace más reducido el planeta y mayor la comunicación.
Y el Presidente quiere que vayamos para atrás.
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