Sergio González Levet
El virus innombrable y su exacerbado peligro para la humanidad, así como para la tranquilidad doméstica y económica de los humanos, nos ha hecho olvidarnos momentáneamente de otra amenaza tal vez mayor: las consecuencias del cambio climático (CC).
No soy un especialista en el tema ni pretendo serlo, pero sí gozo de la amistad del doctor Adalberto Tejeda Martínez, un orgullo para la ciencia de la Universidad Veracruzana y a mi ver el mayor conocedor sobre los efectos del CC para el Estado de Veracruz en el futuro mediato e inmediato.
Serio y profesional, me dice el doctor que el cambio climático se empezará a sentir severamente en unos 20 años, pero que ya nos da señales bastante claras de sus efectos: el mosquito del dengue cada día sobrevive en lugares más altos debido al calentamiento global, los huracanes cada temporada son más intensos, los glaciares se están derritiendo, en los polos, en las montañas europeas y hasta en el Pico de Orizaba.
Me dice el doctor Tejeda -todo un lujo para nuestra máxima casa de estudios el tenerlo como maestro e investigador- que las secuelas del CC orillarán a que estemos menos preparados para enfrentar a la pandemia del coronavirus y a otras que puedan surgir. Sin ser alarmista, recuerda que habrá inundaciones por la elevación del nivel del mar; los incendios forestales seguirán consumiendo árboles, vegetación y vidas; se presentarán ondas de calor extremas (como la que mató a 40 mil personas durante 2003 en Europa), y habrá sequías en todo el planeta.
Comenta también don Adalberto que si bien la cuarentena mundial ha reducido las emisiones de carbono, al haber menos quema de combustibles, con el regreso de la humanidad a la vida normal habrá grandes aumentos en los consumos energéticos, en el afán de reactivar la economía mundial.
En ese caso, el remedio puede ser más grave que la enfermedad.
Ha mejorado la calidad del aire en muchas metrópolis, incluso de América Latina, me aclara el experto, pero paradójicamente no se han reducido las concentraciones mundiales de dióxido de carbono (van en 418 partes por millón, cuando en 29019 fueron de 416 el año pasado).
Le dejo la voz cuando dice:
“Por el encierro podríamos olvidar que el clima de hoy nos puede empeorar la pesadilla y que el clima del futuro no necesitará la cooperación de un virus para dificultar la existencia humana. La pandemia ha mostrado que somos muy vulnerables”.
Y ya como dato aparte nos recuerda que los veracruzanos deberíamos estar sumamente preocupados, porque la salud del clima es un asunto que no le importa al Gobierno de Cuitláhuac García, y la muestra es que desapareció el Fondo Ambiental Veracruzano.
¡Como para qué!
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