Sergio González Levet
El gobernador Cuitláhuac García Jiménez tiene un talento especial, único en él, que le ha impulsado su meteórica carrera política.
Su habilidad especial es granjearse la buena voluntad de Andrés Manuel López Obrador; seguir su ejemplo y sus pasos hasta la ignominia; justificar sus acciones hasta lo más ilógico.
Lo que haga el Presidente -bien, mal o pésimamente-, lo repetirá el novel mandatario jarocho con todas sus comas y exageraciones.
AMLO es su modelo único e irrepetible, su ejemplo a seguir, su sensei.
Por eso se puede vaticinar que Cuitláhuac no intervendrá de ninguna manera en la elección del nuevo dirigente estatal de Morena, que es un proceso que está en camino y se resolverá hacia el mes de julio de este año.
Por eso mismo, tal vez se están apresurando a sacar conclusiones varios militantes de Morena comprometidos con la democracia interna de su partido, como la diputada federal por Xalapa Rural, Claudia Tello Espinosa, quien se ha manifestado públicamente en contra de la aspiración hacia el liderazgo de Esteban Ramírez Zepeta, un personaje cercano al Gobernador, que acaba de renunciar hace unos días a su puesto de Jefe de la Oficina del Gobernador, con el propósito de hacer campaña para llegar a la silla estatal del Movimiento.
Entiendo a la diputada Tello, porque en la historia de nuestro país los gobernadores siempre han tenido una brutal injerencia en sus partidos políticos, hayan sido del PRI, del PAN, del PRD o hasta de alguna agrupación menor, como Movimiento Ciudadano.
Pero Cuitláhuac no.
Y no es que no quiera, sino que seguramente no se atreverá a desoír una indicación de su patriarca, su padre político, al que le debe todo lo que es -y no es- en política. Porque el Peje ha dicho y redicho y reiterado que él no se meterá para nada en los procesos internos de su partido (que no es partido, sino movimiento), y dejará que aflore libremente la democracia para que los dirigentes nacionales y estatales sean designados efectivamente por el voto mayoritario de los militantes.
Si contamos con la devoción de Cuitláhuac hacia Andrés Manuel, lo más seguro es que la elección se dé en una buena batalla electoral, en la que los otros participantes tendrán piso parejo. Es muy difícil que se jugara su presente político, sustentado exclusivamente en la buena voluntad del Patriarca, con el fin de poner a otro amigo suyo en puestos relevantes del escenario estatal.
Algo así sólo se lo recomendarían sus malquerientes o sus cercanos que sueñan con ocupar su lugar al frente de las instituciones estatales.
Ahora que si se deja a la libre democracia la elección, con toda seguridad la ganará el licenciado Gonzalo Vicencio Flores, quien ha caminado varias veces el estado y cuenta con el apoyo del grueso de los militantes morenistas de Veracruz... y de algunas otras partes.
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